viernes, marzo 10, 2017

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXXI

CHAUTLA-TLAXIACO
DEL 9 DE MAYO AL 31 DE
JULIO DE 1866.

En los primeros días de julio de 1866, el General Díaz, se propuso tomar a Chautla, y con ese objeto se acercó a ese pueblo, no por caminos directos sino como él acostumbraba en tales casos, cortando por lugares despoblados con el fín de tomar al enemigo por sorpresa. Estando ya cerca del poblado y sin que nadie hubiera sentido su movimiento y esperándo solamente el toque de diana momento a propósito para verificar el asalto, se le disparó el fusil a uno de sus soldados y los demás que esperaban soñolientos y medios dormidos comenzaron a disparar sus armas en todas direcciones, creyendo que los atacaba el enemigo, por este error no le fue posible asaltar a Chautla y tuvo que retirarse.


Emprendió además diversas operaciones contra Tlaxiaco y otros puntos, que por no haber dado resultados importantes, a causa de los raquíticos elementos con que contaba, no considera necesario referir aquí. El General Díaz se quejaba de la falta de recursos para mantener a más soldados y comprar mas armas y municiones que le permitiera organizar mejores campañas y no simples escaramuzas como él les llama a los pequeños tiroteos que no benefician a ninguno de los combatientes.

OPERACIONES MILITARES DEL 1o. DE
JULIO AL 31 DE AGOSTO DE 1866.

Las operaciones que el General Díaz  realizó contra el enemigo durante el período que transcurrió desde la acción de Lo de Soto, está la ocupación de Huajuapam de León, que tuvo lugar el 18 de septiembre siguiente, se encuentra referido en la siguiente comunicación oficial dirigida al Ministro de la Guerra del Gobierno de la República  y una carta particular enviada a Don Justo Benitez.  La circunstancia de haber sido escritos esos documentos en momentos en que tenían lugar los sucesos a que ellos se refieren, les dan un caracter de exactitud que los hacen muy atendibles.  Tal vez hubieran desaparecido algunos de ellos, si no hubieran sido comunicados oficialmente por la Legación  Mexicana en Washington al Gobierno de los Estados Unidos, con el objeto de tener a aquel Gobierno al tanto de las operaciones militares en la República Mexicana y haber sido comunicados por el Presidente de aquel país al Congreso del mismo, a petición de la Cámara de Diputados e impresos por acuerdo de esta Cámara. A esta circunstancia se debe el haberse perdido el texto español de algunos de ellos y estar atenidos tan solo a su texto en ingles del que han sido traducidos de nuevo al español.


Xochihuahuetlán, 12 de agosto de 1866.

Querido amigo:

Llevaba algunos días de estar encerrado, dentro de un círculo muy pequeño, En esta frontera del Estado de Guerrero, fingiendo algunas operaciones pequeñas que hicieran creer al enemigo, y aun a los amigos, que eran el objeto único de mi presencia por aquí, pero mientras me ocupaba activamente y muy reservadamente de preparar un sacudimiento general desde el 3er. Distrito de México hasta Tehuantepec, esto es: todo el sur de los Estados de Puebla y Oaxaca y todo el Distrito antes mencionado.

En los últimos días de estos trabajos he llegado, también, a la parte norte del Estado de Puebla y si bien creo que mi trabajo no es una obra completa, estoy seguro de que en mi situación, bastante mala por lo monetario, no me era posible  hacer más para su perfección. Así es que bien o mal trabajado, tengo en mis manos todos los hilos, y comienzo a sacudirme hasta ahora con buena fortuna.


 Me aproximaba a Chiautla para proteger un movimiento que debía verificar una parte de su guarnición, el 14 del corriente, simultáneamente con la toma de San Juan Ixcaquistla, y según correos que he recibido en todo el día de hoy, se festinaron (apresurar o precipitar) uno y otro, porque así fue necesario para no caer en un lazo. El de Chiautla puso en mi poder 150 infantes, 50 caballos, un obús de montaña con el depósito de armamento que allí había, cuya importancia aun no conozco. El de San Juan Ixcaquistla, pone a mi disposición 40 caballos del de Flon y 150 más que se reunieron  para ejecutar la operación.

El 3er. Distrito de México también comenzó a rebullirse, y en estos momentos destaco a Leyva con una caballería para que uniforme y dirija las operaciones que se harán sentir para el Imperio hasta el 14.  Para esa fecha, Segura, con 100 infantes me entretendrá a 300 austriacos que se hallan en Huajuapam, mientras yo me apodero de Acatlán y de Tepeji.

En la misma fecha, Felipe Cruz y Romualdo Zarate, que mandan la fuerza de la montaña mixteca, se aproximarán sobre la cordillera hasta Peras, y Figueroa, que dispone de 300 infantes y 200 caballos en Cuicatlán atacará a Tehuacán, y conseguirá cuando menos que aquella guarnición y la de Puebla no se ocupen mucho de mí.

Respecto a lo que sucederá en la misma fecha por Tlaxcala, Texmeluca, Huajuapam, etc., nada debo decir aun, puesto que tú conoces ese plan, que es viejo, y que solo faltaba fijarle día para su desarrollo.  En la misma fecha, López Orozco se moverá con fuerza de la Costa Chica, por el rumbo de Zola, hasta donde pueda; y Juchitlán batirá a Tehuantepec.

No he dado participio a Garcia, porque no quiero quitarle su atención, que debe estar fija sobre Tlacotálpam. Próximamente te diré el resultado completo de este registro y la aventura que debe seguirle y entonces verás el motivo que tenía yo para no pasarme a Oaxaca,

El General Leyva, Gobernador del 3er. Distrito de México, como más inmediato a mi y animado por nuestra afinidad, se ha unido de hecho a la Línea de Oriente.  De élla recibe dirección y elementos. Procura que este hecho sea confirmado por el Gobierno.

Acabo de recibir tu  carta el 12 de Julio, pero no puedo seguir escribiendote, porque son las 2 de la mañana y me esperan los caballos ensillados y formada la tropa, por esta misma razón no puedo escribir a Romero.  Hazme favor de mostrarle ésta y saludarlo, lo mismo que a su apreciable familia.

Se me olvidaba decirte que quien ejecutó el movimiento de antier en Chiautla fue Visoso, y que batió y derrotó a Gavito Comandante Militar de dicho punto quien murió en la acción. Las operaciones de Tepeji, Acatlán y demás, las ejecuta DonVicente Ramos.

Si como dices estarás en nuestra Tierra para octubre  no seré muy atrevido al ofrecerte que para esa fecha nos veremos en Oaxaca.  Aunque Maximiliano me favorece con el armamento que reparte a los pueblos, éste no es de la mejor clase, por consiguiente, no pierdo la esperanza de cambiarlo por el que me puedas conseguir con Romero; sobre todo carezco de municiones, porque de esto si escasea mucho Maximiliano, y aunque Alvarez me da cuantas puede, no me puede dar todas las que necesito, lo cual me ponen gran dificultad, que es buena añadidura a la diferencia de mis armas con las del enemigo.

Te deseo felicidades tu hermano.- (firmado) Porfirio Díaz-
Señor Lic. D.J. Justo Benitez.-Nueva York.


República Mexicana, Línea de oriente- General en Jefe, Ciudadano Ministro: aprovechando el estado de distración en que actualmente se encuentra el ejército invasor, por las operaciones de las fuerzas republicanas en el interior del país, he dispuesto hacer un movimiento general de México, Puebla, Oaxaca, Tlaxcala y Chiapas y ha comenzado a realizarse el día 10 de los corrientes con buen éxito hasta ahora.  En ese día el Coronel Jesús Visoso, sublevó 150 infantes de la guarnición de Chiautla y derrotó con ellos el resto de la guarnición que mandaba el Traidor Gavito, incorporándoseme enseguida con su fuerza, un obús de montaña y 86 fusiles sobrantes.

El 13 del mismo mes nos hallabamos al frente de Chiautla, cuya plaza había sido recuperada por el enemigo, reforzada con la guarnición austriaca de matamoros: en ese día dos distintas ocasiones creí que el enemigo aceptaba el combate que mi presecia le ofrecía, pero que las dos ocaciones no hizo más que salir a ver mis fuerzas, sin que dejar el apoyo de la plaza fortificada.

En tal situación recibí anuncio de que el Teniente Coronel Ignacio Sánches Gamboa, a la cabeza de la población de Ixcaquixtla había batido al traidor Granados Maldonado, Prefecto de Tepeji, haciéndole 7 muertos, 26 prisioneros, quitándole 30 fusiles y dispersándole la mayor parte de la fuerza, de la cual se pasaron a nuestras filas durante el combate, 28 jinetes traidores.  Embarazado Sánchez Gamboa por su pequeño botín y perseguido de cerca por fuerzas procedente de Tepeaca, demandaba mi protección para incorporárseme, mientras el enemigo, encastillado (encuartelado) en Chiautla, no daba esperanzas de aceptar un combate fuera de sus  atrincheramientos.  En tal virtud mandé al General Francisco Leyva Gobernador del 3er. Distrito de México, con 70 caballos, para reunir las partidas republicanas que se hallan en su distrito, organizar y armar a la parte de aquel vecindario que se halla dispuesto a defender la Independencia, y establecer allí las autoridades republicanas; y con el resto de las fuerzas que está a mis inmediatas órdenes, marché para este punto, a donde se me reunió con su fuerza el expresado Teniente Coronel Ignacio Sánchez Gamboa.

Mientras esto pasa por aquí, el C. General Luis P. Figueroa ha debido amagar vigorosamente la plaza de Tehuacán por la parte norte; el Comandante de Batallón C. Felipe Cruz a la cabeza de 150 montañeses de las Mixtecas ha debido ocupar el Mineral de Peras el día 12, en la misma fecha el Coronel C. Manuel  López y Orozco ha hecho su marcha agresiva de Jamiltepec a Zola; la guarnición de Juchitán debe haberse trasladado a Tequisistlán para cortar el camino entre Tehuantepec y Oaxaca.  Espero el resultado de todas esas operaciones, que deben haberse ejecutado simultáneamente y me aprovechó del conflicto del enemigo para extender mi campo de operaciones por este lado y adquirir algunos recursos para mantener a mis soldados, lo cual servirá también para desafiar al enemigo que se halla en Puebla, por medio de marchas cerca de aquella ciudad, si como me prometo con fundamento sale a perseguirme, lo alejaré de su centro cuanto sea posible, y lo batiré sólo en el caso de estar seguro del buen resultado, pues no es ese mi objetivo, sino hacerlo de esta parte, para poner en acción los grandes elementos con que cuento en la parte norte del Estado de Puebla, en Tlaxcala y aun en la misma Ciudad de Puebla, en donde ya comienza a agitarse la insurrección.  Próximamente tendré el gusto de poner en conocimiento de usted el resultado de todas estas maniobras, en las cuales no he dado participio a las fuerzas de Chiapas, Tabasco y Veracruz, porque las primeras deben estar en los límites de Oaxaca  en  observación de las operaciones de Juchitán sobre Tehuantepec y las del General García sobre Tlacotálpam y las segundas deben conservarse siempre en guardia contra los agresores de Yucatán.


Patria y Libertad, Chiautla, 20 de agosto de 1866-(firmado) Porfirio Díaz-C. General Ministro de la Guerra-Chihuahua.

Proximo capitulo: HUAJUAPAM y NOCHIXTLAN

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXX

PUTLA
INCORPORACION DE VISOSO
14 DE ABRIL DE 1866.

El General Díaz permaneció dos o tres días en Jamiltepec para poder medianamente atender a sus heridos, arbitrar algunos recursos y salir rumbo a Oaxaca sobre las huellas de Ortega; pero habiendo tenido noticias de que en Putla había un destacamento de alguna importancia, se dirigió a esa población  a campo traviesa sobre la montaña, hasta llegar al valle de Putla.


Por los primeros aldeanos que encontró en el valle, supo que el destacamento había marchado el día anterior a las órdenes de un español apellidado Ceballos, Mayor de Caballería.  Esta noticia lo animó a redoblar el paso con su Estado Mayor para ganar algún tiempo, a efecto de proporcionar viveres a la tropa  con algunas horas de anticipación.

El General Porfirio había agregado a su Estado Mayor todos los Jefes y Oficiales incorporados, a quienes no podía todavía colocar en las filas, en consecuencia, formaban un grupo de más de 30 hombres. En esas condiciones se encontraba el Capitán Carlos Pacheco, que fue despues General de División y Secretario de Fomento, el Mayor Juán de la Luz Enriquez que llegó a General de Brigada y a Gobernador del Estado de Veracruz, el Coronel Juán José María Pérez y Milicua, el Teniente Coronel Guillermo Palomino y otros muchos.

Al tocar la población de Putla en concepto de que estaba desocupada, El General Díaz vió por alguna de las calles atravesar rápidamente a un hombre con banderola roja, y le pareció que sería alguien rezagado del enemigo que permanecía alli con la intención de robar.  Entonces dividió a su Estado Mayor en fracciones, para entrar a la población por dos calles paralelas, con objeto de sorprender al que el suponía disperso, y al llegar a la plaza se encontró con el destacamente de Ceballos que, sorprendido  por su entrada rápida y simultánea, emprendió un combate inesperado, cuyo tiroteo hizo al General Franciso  Leyva que mandaba la caballería y que venía más cerca de la infantería.

Como algunos de los enemigos abandonaron la plaza en el primer choque, y el camino para Tlaxiaco, que era el que éllos se proponían seguir, comienza en ascenso desde el momento en que se sale de Putla, tuvieron la ocasión de ver la caballería de los mexicanos que se acercaba a escape y eso más bien que la presencia de los oficiales, los obligó a abandonar la población, no sin considerables pérdidas para éllos.

Habiendole avisado el General Juán Alvarez que el Estado de Guerrero, era amagado otra vez por el rumbo de Tlapa, El General Díaz volvió a dicha población y despues de algunos días, se le presentó un comisionado de Visoso, quien había sido derrotado por segunda vez y procesado por el Gobierno Imperial, ofreciéndole sus servicios, lo cual aceptó con la condición de que no viniera sólo, sino con alguna fuerza y practicando algunas operaciones que le dieran garantía de su buena fé.

Pocos días despues, Visoso salió furtivamente de Puebla, cuya ciudad tenía por prisión, y se dirigió en la noche a Chiautla, en cuya guarnición tenia simpatías.  En la misma noche previo acuerdo con la gente que formaba la guarnición de Chiautla, se sublevó ésta con Visoso, matando al Jefe Político y Comandante Militar de ese punto.

Visoso mandó a poner del conocimiento del General Díaz, ese suceso y él protegió su incorporación con una marcha hasta el pueblo de Chila de la Sal, trayendo Visoso cerca de 200 hombres y un obús de montaña.

PLATICAS CON EL GENERAL TRUJEQUE.

DEL 1o. AL 8 DE MAYO DE 1866.

Despues de que se incorporó Visoso, el General Díaz regresó otra vez a Tlapa y considerándo que su fuerza era muy pesada para vivir sobre aquellos pueblos que eran sus amigos, y sintiéndose por otra parte capáz de emprender operaciones en el Estado de Puebla promovió un pronunciamiento entre los vecinos de San Juán Itscaquixtla.  Mientras se preparaba ese movimiento, el General Trujeque que se encontraba  al servicio del enemigo acuartelado en el rancho Tacache, punto estratégico para observarlo a él y a los pueblos Itscaquixtla y Silacayoapan, pueblos muy sospechosos para los franceses, le mandó en comisión al Capitán Don Enrique Travesí, que era ayudante suyo y hermano de Don Manuel Travesi, Secretario Particular de Don Porfirio, ofreciéndole ponerse al servicio del Gobierno con toda su fuerza, y le daba como garantía, la vida de Don Enrique Travesí que quedaría como rehen con los suyos mientras, él pasaba a tener una conferencía con Trujeque en el rancho Tacache.


Como la situación comenzaba a declinar para los imperialistas y ésto era del conocimiento del General Díaz y conociéndo el carácter de Trujeque, no le pareció cierto su buena disposición, no obstante salió para Tacache, acompañado solo de un ayudante.

Al salir de Xochihuehuetlán donde estaba su cuartel general, quedaron muy alarmados todos sus subordinados de que emprendiera esa marcha sin ninguna escolta que le diera seguridad, y convinieron en seguirlo a cierta distancia para  que no los viera, el Teniente Coronel Marcos Bravo con 100 caballos de lo mejor que tenía. El General Díaz pasó la avanzada que tenía el General Trujeque sin novedad, porque no lo conocieron o porque tenían instrucciones al efecto.  La avanzada era un puesto nada más de vigilancia de cinco hombres desmontados.

Al llegar al Rancho de Tacache y en los momentos de desmontar junto a la puerta del jacal donde se alojaba Trujeque, hicieron fuego de otro que había al lado opuesto de la pequeña plaza, sobre él y su ayudante, hiriendo al caballo de éste, salieron a todo escape por donde habían entrado, forzando y evadiendo en cuanto lo permitía el terreno que era muy estrecho y seguido por gente a caballo a tan corta distancia que no pasaría de 500 metros.

Cuando corrían de ese modo por las colinas, vió fuerza de caballería que al parecer salía a cortarles la retirada.  A poco reconoció que esa fuerza pertenecía a los suyos y entonces se incorporó a ella y retrocedió la de Trujeque, al rancho de Tacache.


Acto seguido le escribió Trujeque explicandole que todo lo que había sucedido fue porque lo reconoció algún oficial de los que no estaban de acuerdo con él, quedando en duda su palabra, aunque pensaron que si hubiera sido un plan preconcebido, desde el momento de poner un pie en tierra los hubieran matado o detenido.

Proximo capitulo: CHAUTLA-TLAXIACO y OPERACIONES MILITARES DEL 1o. DE JULIO AL 31 DE AGOSTO DE 1866.

sábado, febrero 04, 2017

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXIX


REPOSICION EN EL MANDO DE LA
LINEA DE ORIENTE
DEL 20 DE SEPTIEMBRE AL 2 DE OCTUBRE 
DE 1866.

Cuando el Gobierno tuvo la noticia de que debía evadirse el General Díaz de Puebla, que fue comunicada por Don Justo Benitez a su Ministro de Washington y trasmitida por él a la Secretaría de Relaciones Exteriores de la República, residente en el paso, y el Sr. Juárez supo que intentaba evadirse y volver a tomar las armas contra el Imperio, lo repuso en el mando de la Línea de Oriente el 2 de noviembre de 1865 considerándole las mismas facultades y atribuciones que tenía antes de la toma de Oaxaca por los franceses.


El 30 de diciembre de 1865 recibió el Gobierno Federal la noticia trasmitida por su Ministro en Washington, el 13 de octubre anterior, de que había verificado su evasión y que estaba ya en campaña en  contra de la intervención y los traidores, y en ese mismo día ratificó su acuerdo anterior.

El General Díaz recibió en Atoyaquillo, en el Estado de Oaxaca, el 2 de febrero de 1866, las órdenes respectivas de la Secretaría de Guerra,  fechadas en el Paso del Norte el día 12 de noviembre anterior, cuando se tuvo noticias de que pensaba evadirse.

El General Don Alejandro García, cuyo Cuartel General estaba en Tlacotálpan del Estado de Veracruz, había quedado con el mando de la Linea de Oriente durante el encarcelamiento del General Díaz en Puebla, y cuando volvió a la campaña siguió como segundo en Jefe.

LO DE SOTO
25 DE FEBRERO DE 1866.

Estando en Tlapa el General Díaz se enteró que una columna mandada por Don Jesús Ortega, Procedente de Oaxaca trataba de penetrar al estado de Guerrero, por Jamiltepec y Pinotepa, y que traía armamento para organizar un batallón que se llamaría Batallón de Jamiltepec.


Auxiliado por el General Alvarez, con una fuerza de Guardia Nacional de 200 hombres que mandaba el Coronel Antonio Reguera, el General Diaz emprendió su marcha por Ometepec, hacía Jamiltepec, con objeto de encontrar a Ortega, y estando acampado en una ranchería que se llama Lo de Soto, el 23 de febrero de 1866, la avanzada que tenía sobre el camino a tres leguas y compuesta de vecinos armados, abandonó su puesto, sin replegarse al campamento, y por consiguiente sin que el General Díaz, pudiera tener aviso de la presencia del enemigo a tan corta distancia, y solamente pudo verlo cuando ya hacian fuego sobre sus soldados que éstos contestaban.

Al oir los primeros tiros el General Diaz salió de un jacal que le servía de alojamiento, y se encontró con la caballería enemiga a muy corta distancia que comenzó a dispararle sus armas.  No tuvo más recursos que volver al mismo jacal; tomó sus pistolas que estaban en su montura, y no pudiendo salir por la puerta, porque por allí lo amagaba el enemigo, se habrió paso rompiendo por la parte posterior la cerca del jacal que era de mimbre e hizo otro tanto con otros dos jacales que seguían, porque al entrar sucesivamente en cada uno, sus perseguidores ocupaban la puerta.  En esos momentos encontró por accidente (suerte que tenía Don Porfirio) a un oficial con 10 hombres montados y armados, que horas antes le habían pedido permiso para ir a bañarse al río distante cosa de una legua y que regresaban en esos momentos, tomó un caballo y con esos diez hombres cargó sobre el enemigo, eficazmente ayudado por los fuegos de algunos soldados del Batallón Fieles de Oaxaca que con el Teniente Coronel Don Martin Rivera, habían ocupado un pequeño promontorio que estaba en el centro de la Ranchería y desde allí batian bien a la caballería enemiga. Con esa eficaz ayuda pudo llevarla hasta pasar una barranca único paso que tenía y que era por donde ella había venido.

Una vez que logró arrojar la caballería enemiga al otro lado  de la barranca, permaneció defendiendose, pero a poco se le incorporó el Teniente Coronel Marcos Bravo, con 20 hombres, que hasta ese momento habían podido ensillar sus caballos, y pocos instantes despues se presentó el Teniente Coronel Bernardino García, con otros 100 hombres.

Salvada así la situación, pasó la barranca poniendo en retirada a la caballería enemiga que persiguió hasta el rancho del Alacrán, donde ya no pudo continuar por haberse incorporado a su infantería y su artillería que constituia el núcleo principal de su fuerza.

Entonces comenzó a retirarse porque el General Leyva le avisó que las mulas que pastaban a más de una legua, habían llegado y que estaban aparejadas y cargadas y formada la infantería.  Entonces ordenó que marcharan rumbo a Ometepec hasta los Horcones, y notando que en este lugar podía presentarse acción con ventaja para éllos, mandó al General Leyva que hiciera alto y lo esperara. Una vez en los Horcones, se colocó en condiciones de resistir un ataque, pero el enemigo no lo aceptó y volvió a pernoctar en el De Soto y éllos en Ometepec.


En ese combate el enemigo había dejado seis o siete muertos y algunos heridos y los republicanos solo perdieron al Teniente Coronel Don Manuel Alberto Aburto, que por estar gravamente enfermo y no habiéndose acordado de el por la escaramuza, lo encontró el enemigo en su cama y lo asesinó.

Proximo capitulo: PUTLA y PLATICAS CON EL GENERAL TRUJEQUE.

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXVIII

COMITLIPA
4 DE DICIEBRE DE 1865.


El General Díaz tuvo una fiebre palúdica que le duró tres días, pero teniendo el General Visoso noticias de su enfermedad, se aproximo a una distancia de seis a siete leguas, con cuyo motivo engañó el General Díaz a su propia gente afectando una gravedad que no tenía y Visoso vino a situarse hasta el pueblo de Tepetlapa, en donde el General Díaz podía forzar la marcha en una noche, darle un golpe al amanecer, que era probable lo mismo que Visoso intentaba hacer.

Así lo hizo el General Díaz, y el 3 de diciembre en la noche sin dar ningún toque y de la manera más sigilosa levantó y organizó su fuerza y emprendió la marcha con la cautela necesaria hacía el pueblo de Tepetlapa, entradas y caminos conocía muy bien.

Llegó a Tepetlapa y allí supo que Visoso había marchado a las nueve de la noche por Comitipla que no está muy lejos de aquel pueblo. Aunque todavía faltaba mucho para que amaneciera, siguió su marcha hasta Comitlipa sin dificultad alguna, al llegar en la madrugada del 4 de diciembre de 1865, a un lugar del camino de donde se descubre el pueblo de Comitlipa, vió en un cerrito que está casi a tiro de pistola de la plaza, una gran fogata y comprendió que allí había una guardia de observación, vió como aun no amanecía no podía ser visto.  En un reconocimiento que practique con dos hombres, dejando toda su fuerza en el camino, pudo comprender que el enemigo no tenía ninguna avanzada por el lado del camino en que él estaba y que solo ocupaba el centro del pueblo, esto es, la Plaza, Casa Municipal y la colina.

Bajó antes su infantería y la escondió en unos espesos carrizales y arboleda que había a muy poca distancia de las primeras casas y la dejó allí a las ordenes del Capitán Don José Guillermo Carbó y del Teniente Coronel Don Juan José Cano y volvió al punto elevado del camino en donde habia quedado su caballería.  Espero a que amaneciera, y cuando ya había luz emprendió la marcha con la fuerza, haciéndose visible en el camino y vió perfectamente que bajó un hombre corriendo de la colina, sin duda a avisar a Visoso. Creyó que éste saldria a su encuentro, pero no fue asi, y tuvo que llegar hasta la plaza a tirotearlo, para que saliera a perseguirlo.

Como los del cerro habían podido ver y hasta contar la fuerza de caballería que traía y que apenas llegarían a 100 hombres, Visoso se animó a perseguirlo y salió briosamente tras él.  Cuando hubo llegado al carrizal le rompieron los fuegos del Capitán Carbó y el Teniente Coronel Cano cortándole el camino primero y batiéndolo el otro por el costado, en los momentos en que el general Porfirio Diaz con la caballería lo cargaba rudamente por la llanura de su izquierda, a donde corria su gente en desorden al sentir los fuegos a quemarropa que salian del carrizal.

Fue derrotado completamente Visoso y huyó solo con unos 20 o 30 hombres de caballería, dejando 81 muertos, entre los cuales había tres oficiales y prisionera casi toda su infantería que le sirvió para formar con el piquete de cabos y sargentos oaxaqueños que había encontrado en la Providencia, el Batallón Fieles de Oaxaca, cuyo mando tomó desde luego el Capitán Don José Guillermo Carbó a quien ascendió a Mayor con ese objeto.

Por parte de los republicanos tuvieron 11 muertos entre los cuales estaba el Teniente Coronel Tomás Sánchez, y nueve heridos entre éllos el Capitán Bonifacio Valle, que lo había sido también en el encuentro de Tulcingo, y cuya herida no estaba cicatrizada.

OPERACIONES CONTRA SILACAYOAPAN Y TLAXIACO
DEL 6 DE DICIEMBRE DE 1865 AL
29 DE FEBRERO DE 1866.


El General Díaz volvió a Tlapa donde permaneció algunas semanas, sin que ocurriera acontecimientos notables,  así que aprovechó la calma para instruir y organizar su pequeña fuerza de combate.  En busca de recursos y hombres emprendió una marcha para el Estado de Oaxaca, penetrando por el Distrito de Silacayoapan.  Las pequeñas guarniciones del enemigo que habían en aquellos pueblos se retiraban al tener conocimiento de su arribo al pueblo de Silacayoapan, cabezara del Distrito de su nombre, porque conocían que todos esos pueblos simpatizaban con la causa nacional. y él lo ocupó el 13 de diciembre de 1865.

Expidió algunos decretos y pasó en seguida con la intención de sorprender a Tlaxiaco, que estaba  defendido por el General Trujeque. Después de algunos pequeños combates ocasionados por varias salidas que éste hizo, se resolvió a abandonar la plaza,  que ocupó la fuerza liberal el 22 de diciembre de 1865, persiguiéndolo en su retirada para Teposcoluta hasta el poblado de Santiago Yolomecal en donde se abandonó la persecusión y volvieron a Tlapa.  Cuando se enteraron los franceses que estaban en Oaxaca de estas acciones mandaron fuerzas superiores para contrarrestar el ataque, por lo cual el General Díaz se vió obligado a abandonar estas plazas y retirarse a la costa.


Sabiéndo en los primeros días de enero de 1866 que en Silacayoapan había una fuerte guarnición austriaca, y con el fin de hacerla salir de aquel puesto, el General Diaz amagó seriamente a Tlaxiaco, y lo atacó por dos días logrando su objetivo, pues los austriacos se dirigieron a ese pueblo y él ocupó Silacoyoapan.  Se dirigió entonces a Tlaxiaco y lo atacó por dos días, el 6 de enero de 1866, pero supo que venian refuerzos considerables para el enemigo que estaban ya a cinco leguas de Tlaxiaco y tuvo que evacuar sus pocisiones frente a aquel  pueblo, (lo bueno que no fue dentro del pueblo) el 28 del mismo mes rechazó a una partida de traidores que asaltó Silacayoapan, muriendo su Jefe.

Proximo capitulo: REPOSICION EN EL MANDO DE LA
LINEA DE ORIENTE y LO DE SOTO

viernes, enero 06, 2017

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXVII

VISITA AL GENERAL JUAN ALVAREZ EN LA 
PROVIDENCIA
DEL 1o. DE OCTUBRE AL 20 DE NOVIEMBRE 
DE 1865.

No contando con recursos suficientes para hacer una campaña exitosa y teniendo que operar en el Estado de Guerrero, que correspondía a la División Militar del General Don Juán Alvarez, el General Díaz decidió ir a la Providencia, donde tenía su casa y Cuartel General el citado General, con objeto de discutir con él algún plan regular de campaña  y recibir algunos eleméntos si estaba en situación de facilitarselos.   Vivía el General Alvarez con mucha pobreza y todo lo que consiguió fueron 200 fusiles de percusión con sus respectivas municiones y órdenes para las autoridades del Estado de Guerrero de quien era Gobernador su hijo Don Diego Alvarez, para que le proporcionara viveres, comprometiéndose el General Díaz que la colecta sería con equidad en todos los pueblos que estaban a su alcance.

Su recibimiento en la providencia  fué bastante benévola y cordial por parte del General Juán Alvarez y al principio también de su hijo Don Diego. Por desgracia, la protección que allí encontraron fue infinitamente menor de lo que se esperaba: sin embargo, la autorización para colectar viveres en los pueblos del Estado era una buena base a falta de mejores recursos.

Se incorporó a la tropa del General Diaz en la Providencia, el General Don Francisco Leyva, que no teniéndo elémentos  con que continuar haciéndo campaña se había replegado a vivir con el General  Juán Alvarez.  Leyva tenia 10 o 12 oficiales, entre los cuales estaba el Teniente Coronel de Infantería Don Manuel Travesí, a quien el General Díaz nombró su Secretario, y dió lugar en su Estado Mayor al Coronel José María Pérez Millena, al Teniente coronel de Caballería Martín Rivera, al Teniente Coronel de Infantería Manuel Aburto y a los Tenientes de Infantería José María Ramírez Pisarro y Miguel Marín.  También se le incorporó un grupo como de 20 soldados de la Guardia Nacional de Oaxaca, que a la fecha de la ocupación de aquella Ciudad, se encontraban en algunas comisiones del Servicio en la Mixteca, y para no someterse al enemigo, se replegaron al Estado de Guerrero y estaban con el general Alvarez. La mayor parte de estos eran Sargentos y Cabos. El General Diaz con su tropa permaneció en  la Providencia por una semanas y cuando se retiró despues de haber obtenido los recursos que le facilitó Don Juán Alvarez. Lo acompañaron él y su hijo hasta el rancho de Jaltianguis que pertenece a la hacienda y dista de élla tres leguas, en donde pernoctó.

Al despedirse del General Díaz en ese punto el General Alvarez, le regaló unas pistolas y otros objetos de su uso privado utiles para la campaña y con esa franqueza que tienen los ancianos para los jovenes y que se acentuan más cuando se consideran hombres superiores le manifestó la pena que le causaba no poder acompañarlo por su avanzada edad y con ese motivo le dijo, señalando a su hijo don Diego, que él no era como los muchachos de ahora que solo viven al calor del hogar. El General Díaz no supo si esta franquesa o descuido del General Don Juán Alvarez, serían la causa de alguna tibieza que después comenzó a sentir en la acción del Gobierno del Estado de Guerrero, no obstante que el referido Don Juan Alvarez, siempre permaneció muy bien dispuesto a ayudarlo en todo lo que le pedía a el directamente para el servicio público siempre que estuviera en su facultades.

La poca voluntad del Gobierno del estado de Guerrero comenzó hacerse sentir por la dificultad con que los pueblos del estado daban su cooperación en especie para el mantenimiento de su tropa, cosa que no le llamaba la atención porque son pueblos muy pobres, pero si era digno de notarse que al hacerle algunas remisiones de varios de los pueblos más simpatizantes con la causa de la Independencia, le suplicaban que no diera aviso de ellas al Gobierno del Estado.

Afortunadamente al dar mayor ensanche a sus operaciones, abandonó el territorio del Estado de Guerrero y no volvió ya su Gobierno a tener motivos de desagrado por su presencia y sus operaciones en aquellos pueblos, pero no por esto cesó su celo respecto de él.

Algunos años despues tuvo necesidad el General Díaz de rectficar publicamente una aseveración de Don Diego Alvarez, cuando ya había muerto su padre, durante cuya vida no lo hubiera hecho por el gran afecto que sentia por el General. Es el caso que estando en Oaxaca  el General Díaz a fines de 1866 y antes de saber que podía tener armas de la remesa que su Legación en Washington hizo a la línea de Oriente, y de los que fue conductor el General Pedro Baranda, le avisó El General Alvarez que había llegado a la Boca de Tecuanapa un norteaméricano llamado Stone, en un pailebot en que traía algunos fusiles de percución que no pasaban de 500 con sus respectivas municiones  labradas.

Como las armas constituían su primera y más urgente necesidad, inmediatamente contesto Díaz a Alvarez, que al dia siguiente saldía de Oaxaca el Teniente Coronel Luis Mier y Terán con el dinero y las mulas necesarias para comprar esas armas y conducirlas a Oaxaca y le encargó que las hiciera desembarcar e internar hasta Pinotepa y que él pagaría todos los gastos que ésto ocasionara.  El Teniente Coronel Terán encontró en Pinotepa a Stone con las armas, las trató, las pagó y las condujo a Oaxaca.

Terminada la guerra, publicó Don Diego Alvarez una cuenta de los gastos que hizo durante la intervención extranjera, en la que aparecía una partida de data por el costo de las armas y municiones que el General Díaz había comprado a Stone. Como en la cuenta que él había rendido  antes que la de Don Diego, figuraba la misma partida, se vió obligado a rectificar la que éste presentaba, ofreciéndole que la aceptaría y pagaría si le presentaban sus respectivos justificantes.  Las que nunca recibió, ni volvió a hablarse de ese asunto.

OCUPACION DE TLAPA
25 DE NOVIEMBRE DE 1865.

Con el auxilio personal y mmaterial que el General Porfirio Díaz obtuvo en la Providencia, regresó a Tlapa donde había dejado el grueso de su fuerza, al llegar a Tixtla, supo que un Jefe austriaco llamado Duque de Bernad con 700 infantes y una fuerza de traidores de 300 hombres mandados por Visoso y seis piezas rayadas de montaña habían ocupado Tlapa y el Coronel Segura de los republicanos ocupaba un cerro muy defendido a la vista de esa población. Entonces el General Jiménez que mandaba en Tixtla pasó a disposición del General Díaz, por orden el General Alvarez, un pequeño batallón de Guardia Nacional de Chilapa que constaba de 200 hombres, con ese batallón emprendió la marcha el General Díaz por los poblados de la montaña, entrando por Hueyenecantenango y levantándose en son de guerra, aunque no se pueda decir en armas, porque no las tenían logró poner en acción a más de 2000 indios que marcharon de montaña en montaña, paralelamente con su fuerza armada de 200 hombres y el batallón de cabos y sargentos oaxaqueños, hasta salir por la espalda a sus soldados que a las ordenes del Coronel Segura ocupaban  un cerro a la vista de Tlapa.

Como el Duque de Bernad vió salir simultáneamente por todas las cuestas que formaban la cordillera al sur de Tlapa, masas de hombres cada una con una música de instrumentos metálicos, le pareció que por mal armados que estuvieran debian ser muy superiores en número a su fuerza; y abandonó Tlapa, entonces Díaz despidió enseguida a los indios que ocupó dandoles las gracias por su ayuda y devolvió al Coronel Jiménez el batallón de Chilapa porque no tenía como mantenerlo.


El jefe austriaco tomó el camino de Chila de la Sal y acampó a la margen derecha del río, y cuando el General Díaz con su tropa llegó a ese punto, acampó a la izquierda.  Así permanecieron algunos días, hasta que la fuerza austriaca regresó a Tlixco, dejandole al frente a Visoso con unos 300 hombres, poco más o menos. El General Diaz recibió un aviso de un amago de tropas procedentes de Oaxaca y con ese motivo regresó a Tlapa. Entonces Visoso se atrevió a pasar el rio y permaneció en  el pueblo de Chila.

Proximo capitulo: COMITLIPA y OPERACIONES CONTRA SILACAYOAPAN Y TLAXIACO

miércoles, noviembre 02, 2016

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXVI

PIAXTLA
23 DE SEPTIEMBRE DE 1865.

Con esa pequeña fuerza el General Díaz se dirigió al día siguiente a Piaxtla y Chinautla, que son dos pueblos unidos, situados también en el Estado de Puebla, en busca de algunos fondos que se proponía obtener exclusivamente del cura; porque hay allí muchos santos que entonces erán dueños de varios manantiales y aguas salobres, cuyas cosechas de sal constituian los fondos de cada santo, destinados a costear los gastos de sus respectivas fiestas anuales. Era seguro por esta razón que el Cura no podía negarle esos fondos, pues en los libros de contabilidad de cada cofradía debía constar la existencia como en efecto constaba; y aunque su petición al cura fue modesta porque le pidió a cada santo la mitad de su existencia, el cura manifestó que no tenía en caja porque para no conservarlo sin producto lo había repartido en el comercio a intereses.

El General Díaz lo obligó sin embargo a recoger la cantidad pedida y el cura estuvo haciendo esa colecta en el comercio tardandose lo más que podía, con objeto de dar tiempo a que llegara de Acatlán un escuadrón de traídores que mandaba el Teniente Coronel Carpintero. Aunque el General Díaz no sabía el objeto de la dilación del cura, si sospechó algo de él y no quiso pernoctar en el pueblo de Piaxtla; y cuando ya comenzaba a anochecer emprendió la marcha, diciéndole al cura que al día siguiente volvería por el resto de las cuotas que le había señalado.  No era su propósito tomar la vía de Acatlán, pero la tomó para desorientar al cura y al vecindario.  Casi en los suburbios de Piaxtla se encontró con el escuadrón del Teniente Coronel Carpintero, y batiéndolo con los pocos hombres, bien montados, que habían entre los que formaban su fuerza, logró derrotarlos y llevarlos por toda la vía semicarretera, encerrado por dos cercas de mampostería seca o cercas de piedra suelta que formaba los dos lados del camino.  Por consiguiente ni unos ni otros podian salir de aquel carril, y los llevaron en derrota por dos o tres millas, recogiendo muchas armas y caballos ensillados que abandonaban, pues para salir fuera del cercado tenían los perdedores que dejar sus monturas, habiéndo capturado cosa de 60.  Temiendo que en Acatlán hubiera fuerzas superiores a la suya y comprendiéndo que el botín lo ponía en malas condiciones para combatir,las fuerzas de la República marcharon rápidamente al pueblo de Tecomatlán con el fín de dar algún reposo a sus soldados y caballada, lugar a propósito pues quedaba el Río Mixteco que estaba bastante crecido, entre Acatlán y Tecomatlán.

Al día siguiente se incorporó el Teniente Coronel Don Juán José Cano, procedente de Tlapa, con 78 infantes, y bajo un gran chubasco pasaron el río a la altura del pueblo de Tepetlapa, pueblo que era muy amigo del General Díaz, donde permanecieron tres o cuatro días más porque no cesaba de llover ni de día ni de noche.  En Tepetlapa lo alcanzó y se pusó a sus órdenes con 30 caballos, el Guerrillero Tomás Sánchez que murió poco después, en la acción de Omitlipa,

TULCINGO
1o. DE OCTUBRE DE 1865.

En la madrugada del día 1o de octubre de 1865 cesó la lluvia y el General Díaz comprendió que era el momento oportuno para batir al Coronel Visoso que con una pequeña columna de 300 infantes y 50 caballos estaba acuartelado en Tulcingo, pues le pareció muy natural que el primer día útil, después de aquellas lluvias y mal acuartelados como estaban, pensaran en limpiar su armamento, y que la hora más propicia para caerles, serían las 9 o 10 de la mañana.

Antes que amaneciera emprendieron su marcha para Tulcingo y ya muy cerca del pueblo en que había una calina de por medio, encontraron a un hombre que venía con el pretexto de traer pán a Tepetlapa, pueblo donde hay muchos panaderos.  Al General Díaz le pareció  desde luego muy sospechoso ese comercio y entendió que era un explorador de Visoso, en efecto con algunas amenazas (y una buena calentadita) le confesó que era un espía y le dió algunas notas importantes, entre otras, que ciertamente la tropa se ocupaba en limpiar sus armas.  Despues de un ataque sorpresa, combinado y muy rápido sobre el atrío y templo, que era el lugar donde el enemigo se encontraba acuartelado, lograron rendirlo, no obastante que hizo mucha resistencia hasta los últimos momentos, ocasionando pérdidas de consideración, pues recogieron cuarenta muertos del campo de batalla, Visoso había huido con sus caballos dejando en  poder de los liberales toda la infantería con sus armas, sus utiles de banda y 3 mil y tantos pesos en oro que tenía su pagaduría

Como era natural, entre la clase de gente que el General Díaz había reclutado, había encontrado dueño dicha cantidad, suponiéndo que le era legalmente su primer ocupante, tuvo el General Díaz gran dificultad para convencerlos de que eso no debía entenderse así, entonces nombró pagador al Lic. Miguel Guerrero, que se le había incorporado en Piaxtla y allí comenzó su contabilidad en toda esa campaña que se cerró después de ocupar la Capital de la República.


Al día siguiente se organizó a los prisioneros formando dos compañías que pomposamente llamaron batallones, dando a mandar una al Mayor don Juán José Cano, que era un oficial de los que se habían incorporado en Tecomatlán, y la otra al entonces Teniente Don Mucio Martínez.  Con su fuerza aumentada así el General Díaz, emprendió su marcha para Tlapa del Estado de Guerrero, y en esa travesía se le incorporó el Coronel José Segura y Guzmán, procedente de la Mixteca, que se presentó al rumor de la aparición por esos rumbos del respetado y admirado General Porfirio Díaz, con algunos hombres montados y armados.

Proximo capitulo: 
VISITA AL GENERAL JUAN ALVAREZ EN LA 
PROVIDENCIA y OCUPACION DE TLAPA

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXVI

PIAXTLA
23 DE SEPTIEMBRE DE 1865.

Con esa pequeña fuerza el joven General Díaz se dirigió al día siguiente a Piaxtla y Chinautla, que son dos pueblos unidos, situados también en el Estado de Puebla, en busca de algunos fondos que se proponía obtener exclusivamente del cura; porque hay allí muchos santos que entonces erán dueños de varios manantiales y aguas salobres, cuyas cosechas de sal constituian los fondos de cada santo, destinados a costear los gastos de sus respectivas fiestas anuales. Era seguro por esta razón que el Cura no podía negarle esos fondos, pues en los libros de contabilidad de cada cofradía debía constar la existencia como en efecto constaba; y aunque su petición al cura fue modesta porque le pidió a cada santo la mitad de su existencia, el cura manifestó que no tenía en caja porque para no conservarlo sin producto lo había repartido en el comercio a intereses.

El General Díaz lo obligó sin embargo a recoger la cantidad pedida y el cura estuvo haciendo esa colecta en el comercio tardandose lo más que podía, con objeto de dar tiempo a que llegara de Acatlán un escuadrón de traídores que mandaba el Teniente Coronel Carpintero. Aunque el General Díaz no sabía el objeto de la dilación del cura, si sospechó algo de él y no quiso pernoctar en el pueblo de Piaxtla; y cuando ya comenzaba a anochecer emprendió la marcha, diciéndole al cura que al día siguiente volvería por el resto de las cuotas que le había señalado.  No era su propósito tomar la vía de Acatlán, pero la tomó para desorientar al cura y al vecindario.  Casi en los suburbios de Piaxtla se encontró con el escuadrón del Teniente Coronel Carpintero, y batiéndolo con los pocos hombres, bien montados, que habían entre los que formaban su fuerza, logró derrotarlos y llevarlos por toda la vía semicarretera, encerrado por dos cercas de mampostería seca o cercas de piedra suelta que formaba los dos lados del camino.  Por consiguiente ni unos ni otros podian salir de aquel carril, y los llevaron en derrota por dos o tres millas, recogiendo muchas armas y caballos ensillados que abandonaban, pues para salir fuera del cercado tenían los perdedores que dejar sus monturas, habiéndo capturado cosa de 60.  Temiendo que en Acatlán hubiera fuerzas superiores a la suya y comprendiéndo que el botín lo ponía en malas condiciones para combatir,las fuerzas de la República marcharon rápidamente al pueblo de Tecomatlán con el fín de dar algún reposo a sus soldados y caballada, lugar a propósito pues quedaba el Río Mixteco que estaba bastante crecido, entre Acatlán y Tecomatlán.

Al día siguiente se incorporó el Teniente Coronel Don Juán José Cano, procedente de Tlapa, con 78 infantes, y bajo un gran chubasco pasaron el río a la altura del pueblo de Tepetlapa, pueblo que era muy amigo del General Díaz, donde permanecieron tres o cuatro días más porque no cesaba de llover ni de día ni de noche.  En Tepetlapa lo alcanzó y se pusó a sus órdenes con 30 caballos, el Guerrillero Tomás Sánchez que murió poco después, en la acción de Omitlipa,

TULCINGO
1o. DE OCTUBRE DE 1865.

En la madrugada del día 1o de octubre de 1865 cesó la lluvia y el General Díaz comprendió que era el momento oportuno para batir al Coronel Visoso que con una pequeña columna de 300 infantes y 50 caballos estaba acuartelado en Tulcingo, pues le pareció muy natural que el primer día útil, después de aquellas lluvias y mal acuartelados como estaban, pensaran en limpiar su armamento, y que la hora más propicia para caerles, serían las 9 o 10 de la mañana.

Antes que amaneciera emprendieron su marcha para Tulcingo y ya muy cerca del pueblo en que había una calina de por medio, encontraron a un hombre que venía con el pretexto de traer pán a Tepetlapa, pueblo donde hay muchos panaderos.  Al sagaz General Díaz le pareció  desde luego muy sospechoso ese comercio y entendió que era un explorador de Visoso, en efecto con algunas amenazas (y una buena calentadita) le confesó que era un espía y le dió algunas notas importantes, entre otras, que ciertamente la tropa se ocupaba en limpiar sus armas.  Despues de un ataque sorpresa, combinado y muy rápido sobre el atrío y templo, que era el lugar donde el enemigo se encontraba acuartelado, lograron rendirlo, no obstante que hizo mucha resistencia hasta los últimos momentos, ocasionando pérdidas de consideración, pues recogieron cuarenta muertos del campo de batalla, Visoso había huido con sus caballos dejando en su poder de los liberales toda la infantería con sus armas, sus utiles de banda y tres mil y tantos pesos en oro que tenía su pagaduría.

Como era natural, entre la clase de gente que el General Díaz había reclutado, había encontrado dueño dicha cantidad, suponiéndo que le era legalmente su primer ocupante, tuvo el General Díaz gran dificultad para convencerlos de que eso no debía entenderse así, entonces nombró pagador al Lic. Miguel Guerrero, que se le había incorporado en Piaxtla y allí comenzó su contabilidad en toda esa campaña que se cerró después de ocupar la Capital de la República.


Al día siguiente se organizó a los prisioneros formando dos compañías que pomposamente llamaron batallones, dando a mandar una al Mayor don Juán José Cano, que era un oficial de los que se habían incorporado en Tecomatlán, y la otra al entonces Teniente Don Mucio Martínez.  Con su fuerza aumentada así el General Díaz, emprendió su marcha para Tlapa del Estado de Guerrero, y en esa travesía se le incorporó el Coronel José Segura y Guzmán, procedente de la Mixteca, que se presentó al rumor de la aparición por esos rumbos del respetado y admirado General Porfirio Díaz, con algunos hombres montados y armados.

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VISITA AL GENERAL JUAN ALVAREZ EN LA 
PROVIDENCIA y OCUPACION DE TLAPA