miércoles, noviembre 02, 2016

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXVI

PIAXTLA
23 DE SEPTIEMBRE DE 1865.

Con esa pequeña fuerza el General Díaz se dirigió al día siguiente a Piaxtla y Chinautla, que son dos pueblos unidos, situados también en el Estado de Puebla, en busca de algunos fondos que se proponía obtener exclusivamente del cura; porque hay allí muchos santos que entonces erán dueños de varios manantiales y aguas salobres, cuyas cosechas de sal constituian los fondos de cada santo, destinados a costear los gastos de sus respectivas fiestas anuales. Era seguro por esta razón que el Cura no podía negarle esos fondos, pues en los libros de contabilidad de cada cofradía debía constar la existencia como en efecto constaba; y aunque su petición al cura fue modesta porque le pidió a cada santo la mitad de su existencia, el cura manifestó que no tenía en caja porque para no conservarlo sin producto lo había repartido en el comercio a intereses.

El General Díaz lo obligó sin embargo a recoger la cantidad pedida y el cura estuvo haciendo esa colecta en el comercio tardandose lo más que podía, con objeto de dar tiempo a que llegara de Acatlán un escuadrón de traídores que mandaba el Teniente Coronel Carpintero. Aunque el General Díaz no sabía el objeto de la dilación del cura, si sospechó algo de él y no quiso pernoctar en el pueblo de Piaxtla; y cuando ya comenzaba a anochecer emprendió la marcha, diciéndole al cura que al día siguiente volvería por el resto de las cuotas que le había señalado.  No era su propósito tomar la vía de Acatlán, pero la tomó para desorientar al cura y al vecindario.  Casi en los suburbios de Piaxtla se encontró con el escuadrón del Teniente Coronel Carpintero, y batiéndolo con los pocos hombres, bien montados, que habían entre los que formaban su fuerza, logró derrotarlos y llevarlos por toda la vía semicarretera, encerrado por dos cercas de mampostería seca o cercas de piedra suelta que formaba los dos lados del camino.  Por consiguiente ni unos ni otros podian salir de aquel carril, y los llevaron en derrota por dos o tres millas, recogiendo muchas armas y caballos ensillados que abandonaban, pues para salir fuera del cercado tenían los perdedores que dejar sus monturas, habiéndo capturado cosa de 60.  Temiendo que en Acatlán hubiera fuerzas superiores a la suya y comprendiéndo que el botín lo ponía en malas condiciones para combatir,las fuerzas de la República marcharon rápidamente al pueblo de Tecomatlán con el fín de dar algún reposo a sus soldados y caballada, lugar a propósito pues quedaba el Río Mixteco que estaba bastante crecido, entre Acatlán y Tecomatlán.

Al día siguiente se incorporó el Teniente Coronel Don Juán José Cano, procedente de Tlapa, con 78 infantes, y bajo un gran chubasco pasaron el río a la altura del pueblo de Tepetlapa, pueblo que era muy amigo del General Díaz, donde permanecieron tres o cuatro días más porque no cesaba de llover ni de día ni de noche.  En Tepetlapa lo alcanzó y se pusó a sus órdenes con 30 caballos, el Guerrillero Tomás Sánchez que murió poco después, en la acción de Omitlipa,

TULCINGO
1o. DE OCTUBRE DE 1865.

En la madrugada del día 1o de octubre de 1865 cesó la lluvia y el General Díaz comprendió que era el momento oportuno para batir al Coronel Visoso que con una pequeña columna de 300 infantes y 50 caballos estaba acuartelado en Tulcingo, pues le pareció muy natural que el primer día útil, después de aquellas lluvias y mal acuartelados como estaban, pensaran en limpiar su armamento, y que la hora más propicia para caerles, serían las 9 o 10 de la mañana.

Antes que amaneciera emprendieron su marcha para Tulcingo y ya muy cerca del pueblo en que había una calina de por medio, encontraron a un hombre que venía con el pretexto de traer pán a Tepetlapa, pueblo donde hay muchos panaderos.  Al General Díaz le pareció  desde luego muy sospechoso ese comercio y entendió que era un explorador de Visoso, en efecto con algunas amenazas (y una buena calentadita) le confesó que era un espía y le dió algunas notas importantes, entre otras, que ciertamente la tropa se ocupaba en limpiar sus armas.  Despues de un ataque sorpresa, combinado y muy rápido sobre el atrío y templo, que era el lugar donde el enemigo se encontraba acuartelado, lograron rendirlo, no obastante que hizo mucha resistencia hasta los últimos momentos, ocasionando pérdidas de consideración, pues recogieron cuarenta muertos del campo de batalla, Visoso había huido con sus caballos dejando en  poder de los liberales toda la infantería con sus armas, sus utiles de banda y 3 mil y tantos pesos en oro que tenía su pagaduría

Como era natural, entre la clase de gente que el General Díaz había reclutado, había encontrado dueño dicha cantidad, suponiéndo que le era legalmente su primer ocupante, tuvo el General Díaz gran dificultad para convencerlos de que eso no debía entenderse así, entonces nombró pagador al Lic. Miguel Guerrero, que se le había incorporado en Piaxtla y allí comenzó su contabilidad en toda esa campaña que se cerró después de ocupar la Capital de la República.


Al día siguiente se organizó a los prisioneros formando dos compañías que pomposamente llamaron batallones, dando a mandar una al Mayor don Juán José Cano, que era un oficial de los que se habían incorporado en Tecomatlán, y la otra al entonces Teniente Don Mucio Martínez.  Con su fuerza aumentada así el General Díaz, emprendió su marcha para Tlapa del Estado de Guerrero, y en esa travesía se le incorporó el Coronel José Segura y Guzmán, procedente de la Mixteca, que se presentó al rumor de la aparición por esos rumbos del respetado y admirado General Porfirio Díaz, con algunos hombres montados y armados.

Proximo capitulo: 
VISITA AL GENERAL JUAN ALVAREZ EN LA 
PROVIDENCIA y OCUPACION DE TLAPA

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXVI

PIAXTLA
23 DE SEPTIEMBRE DE 1865.

Con esa pequeña fuerza el joven General Díaz se dirigió al día siguiente a Piaxtla y Chinautla, que son dos pueblos unidos, situados también en el Estado de Puebla, en busca de algunos fondos que se proponía obtener exclusivamente del cura; porque hay allí muchos santos que entonces erán dueños de varios manantiales y aguas salobres, cuyas cosechas de sal constituian los fondos de cada santo, destinados a costear los gastos de sus respectivas fiestas anuales. Era seguro por esta razón que el Cura no podía negarle esos fondos, pues en los libros de contabilidad de cada cofradía debía constar la existencia como en efecto constaba; y aunque su petición al cura fue modesta porque le pidió a cada santo la mitad de su existencia, el cura manifestó que no tenía en caja porque para no conservarlo sin producto lo había repartido en el comercio a intereses.

El General Díaz lo obligó sin embargo a recoger la cantidad pedida y el cura estuvo haciendo esa colecta en el comercio tardandose lo más que podía, con objeto de dar tiempo a que llegara de Acatlán un escuadrón de traídores que mandaba el Teniente Coronel Carpintero. Aunque el General Díaz no sabía el objeto de la dilación del cura, si sospechó algo de él y no quiso pernoctar en el pueblo de Piaxtla; y cuando ya comenzaba a anochecer emprendió la marcha, diciéndole al cura que al día siguiente volvería por el resto de las cuotas que le había señalado.  No era su propósito tomar la vía de Acatlán, pero la tomó para desorientar al cura y al vecindario.  Casi en los suburbios de Piaxtla se encontró con el escuadrón del Teniente Coronel Carpintero, y batiéndolo con los pocos hombres, bien montados, que habían entre los que formaban su fuerza, logró derrotarlos y llevarlos por toda la vía semicarretera, encerrado por dos cercas de mampostería seca o cercas de piedra suelta que formaba los dos lados del camino.  Por consiguiente ni unos ni otros podian salir de aquel carril, y los llevaron en derrota por dos o tres millas, recogiendo muchas armas y caballos ensillados que abandonaban, pues para salir fuera del cercado tenían los perdedores que dejar sus monturas, habiéndo capturado cosa de 60.  Temiendo que en Acatlán hubiera fuerzas superiores a la suya y comprendiéndo que el botín lo ponía en malas condiciones para combatir,las fuerzas de la República marcharon rápidamente al pueblo de Tecomatlán con el fín de dar algún reposo a sus soldados y caballada, lugar a propósito pues quedaba el Río Mixteco que estaba bastante crecido, entre Acatlán y Tecomatlán.

Al día siguiente se incorporó el Teniente Coronel Don Juán José Cano, procedente de Tlapa, con 78 infantes, y bajo un gran chubasco pasaron el río a la altura del pueblo de Tepetlapa, pueblo que era muy amigo del General Díaz, donde permanecieron tres o cuatro días más porque no cesaba de llover ni de día ni de noche.  En Tepetlapa lo alcanzó y se pusó a sus órdenes con 30 caballos, el Guerrillero Tomás Sánchez que murió poco después, en la acción de Omitlipa,

TULCINGO
1o. DE OCTUBRE DE 1865.

En la madrugada del día 1o de octubre de 1865 cesó la lluvia y el General Díaz comprendió que era el momento oportuno para batir al Coronel Visoso que con una pequeña columna de 300 infantes y 50 caballos estaba acuartelado en Tulcingo, pues le pareció muy natural que el primer día útil, después de aquellas lluvias y mal acuartelados como estaban, pensaran en limpiar su armamento, y que la hora más propicia para caerles, serían las 9 o 10 de la mañana.

Antes que amaneciera emprendieron su marcha para Tulcingo y ya muy cerca del pueblo en que había una calina de por medio, encontraron a un hombre que venía con el pretexto de traer pán a Tepetlapa, pueblo donde hay muchos panaderos.  Al sagaz General Díaz le pareció  desde luego muy sospechoso ese comercio y entendió que era un explorador de Visoso, en efecto con algunas amenazas (y una buena calentadita) le confesó que era un espía y le dió algunas notas importantes, entre otras, que ciertamente la tropa se ocupaba en limpiar sus armas.  Despues de un ataque sorpresa, combinado y muy rápido sobre el atrío y templo, que era el lugar donde el enemigo se encontraba acuartelado, lograron rendirlo, no obstante que hizo mucha resistencia hasta los últimos momentos, ocasionando pérdidas de consideración, pues recogieron cuarenta muertos del campo de batalla, Visoso había huido con sus caballos dejando en su poder de los liberales toda la infantería con sus armas, sus utiles de banda y tres mil y tantos pesos en oro que tenía su pagaduría.

Como era natural, entre la clase de gente que el General Díaz había reclutado, había encontrado dueño dicha cantidad, suponiéndo que le era legalmente su primer ocupante, tuvo el General Díaz gran dificultad para convencerlos de que eso no debía entenderse así, entonces nombró pagador al Lic. Miguel Guerrero, que se le había incorporado en Piaxtla y allí comenzó su contabilidad en toda esa campaña que se cerró después de ocupar la Capital de la República.


Al día siguiente se organizó a los prisioneros formando dos compañías que pomposamente llamaron batallones, dando a mandar una al Mayor don Juán José Cano, que era un oficial de los que se habían incorporado en Tecomatlán, y la otra al entonces Teniente Don Mucio Martínez.  Con su fuerza aumentada así el General Díaz, emprendió su marcha para Tlapa del Estado de Guerrero, y en esa travesía se le incorporó el Coronel José Segura y Guzmán, procedente de la Mixteca, que se presentó al rumor de la aparición por esos rumbos del respetado y admirado General Porfirio Díaz, con algunos hombres montados y armados.

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VISITA AL GENERAL JUAN ALVAREZ EN LA 
PROVIDENCIA y OCUPACION DE TLAPA

sábado, octubre 08, 2016

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXV

EL CAMINO DE PUEBLA PARA EL RANCHO
DEL CORONEL BERNARDINO GARCIA
21 DE SEPTIEMBRE DE 1865.

Una vez en su casa donde lo esperaban además de su sirviente, el guía de a caballo montaron y salieron por la Garita de Teotihuacán, afortunadamente la puerta estaba abierta y los guardias dormidos por lo que no se dieron cuenta de su salida.  Una vez fuera de la Garita y calculándo que era necesario ganar tiempo hicieron su marcha a galope tendido más de una milla.  Hubo un momento en que creyeron ser sorprendidos por alguna patrulla, porque se les marcó el alto con imprecaciones muy duras; pero no eran sino unos pobres indios metidos en una doble rampa, que al oir el tropel de gente a caballo y al galope temieron que cayeran, como en efecto cayeron sobre éllos, porque una vez entrados sus caballos en la rampa de arcilla resbalosa por la lluvia fueron a dar hasta el fondo sobre los burros y los indios.  Despues de cambiar las escusas que fueron posibles salieron por el lado opuesto y siguieron su camino evitando el paso por los lugares poblados, por ese motivo tuvieron algunas veces que cruzar grandes sembrados de maíz ya seco, cuyas mazorcas les golpeaban mucho sus rodillas y las cabezas de sus caballos.


El Coronel Bernardino García, debía esperarlos con su guerrilla en el paso de Santa María del Río, situado ya en los confines de Guerrero con el de Puebla, pero como su fuga no tuvo lugar el 15 como lo había anunciado el General Díaz, sino hasta el 20, ya García no lo esperaba.  Entre las 8 y las 9 de la mañana del día 21 de octubre.  LLegaron al paso del río Mixteco, sin ningún contratiempo.  Como no estaban lejos de allí las fuerzas imperialistas del Coronel Flon, el General Díaz ya no abandonó su caballo ni sus armas y mientras sus compañeros de viaje pasaban en las balsas, él pasó a nado montado en su caballo y los esperó en el otro lado del río.

El temor del General Díaz no era infundado; despues de algunas millas que recorrieron a galope llegaron al pueblo de Coayuca donde había una fiesta y probablemente con ese motivo habría algunos hombres de la guerrilla de García.  Con objeto de averiguarlo mandó al guía al centro del pueblo, mientras él y su mozo pasaban por los suburbios para juntarse los tres y volver a tomar el camino del otro lado.  En la travesía se encontró con el Alcalde del Pueblo a quien conoció por el bastón de mando que llevaba y se le hizo inconveniente pasar sin saludarlo y decirle algunas palabras, le comentó que iba a la costa a comprar ganado, pero desgraciadamente el Alcande lo reconoció, lo felicitó por estar en libertad y le ofreció amablemente que se quedara unos días en su pueblo que ahí estaría seguro y podría comer, asearse y descansar, el General Díaz le agradeció su ofrecimiento pero no aceptó y siguió su camino.
                   
Apenas había dado unos cuantos pasos, cuando empezó a escuchar un tiroteo muy nutrido que de pronto le pareció serían fuegos artificiales, pero no tardó en oir el silbido de algunas balas. Entonces se dirigió a galope sobre la colina, separandose del camino que debían llevar y haciéndo la travesía a campo traviesa.  Desde la colina pudo ver que en efecto se trataba de un combate en el centro del pueblo y con más razón apresuro su marcha. A pocos momentos lo alcanzó el guía, y le informó que un escuadrón de Flon había caído de improviso a la población, con el objeto de sorprender a los guerrilleros de García que supondría habían acudido a la fiesta como lo hicieron en efecto.

Siguieron sin ser molestados hasta el Rancho de García, que distaba de allí unas 16 o 20 millas y que quedaba ya en territorio de Guerrero.  García tenía un sistema de aviso que lo ponía a cubierto de toda sorpresa y con ese motivo permanecieron allí desde el medio día que fue la hora en que llegaron hasta el siguiente a las siete de la mañana.

Durante la noche llegaron a visitar al General Díaz, más de diez municipalidades de los pueblos de los alrededores que aunque aparentemente obedecían a las autoridades imperiales, simpatizaban con la causa de la independencia.

TEHUITZINGO
22 DE SEPTIEMBRE DE 1865.

A las 7 de la mañana del día 22 de septiembre, emprendieron la marcha el Coronel García, un asistente, un clarín, el General Diaz, su criado y su guía, previamente había citado García a los hombres de su guerrilla para un paraje despoblado en el camino de Tehuitzingo, uno de los pueblos del estado de Puebla, en el cual había unos 20 infantes de guardia imperialista, cuando llegaron al lugar de la cita apenas eran por todos 14 hombres montados todos y armados con pistolas de repetición y sables y muy pocos no llegarían a ocho con carabinas, hicieron algún rodeo para entrar a Tehuitzingo, por la parte más deprimente del terreno y mejor arbolada, y una vez allí se dividieron en dos grupos que debían caer simultaneamente a la plaza donde estaba la guardia, lo sorprendieron sin resistencia y sin derramamiento de sangre, se hicieron de todas sus armas y municiones y reclutaron en el pueblo muchos voluntarios que se les presentaron no con malos caballos pero si con pésimos aperos y la mayor parte sin armas. Los armaron con los fusiles quitados a los guardias civiles y así formaban al anochecer 40 hombres.


Así  comenzó el héroe olvidado General Porfirio Díaz Mori, con buenos auspicios su 3a. campaña contra la intervención extranjera; la falta de recursos y la pobreza de los lugares por donde expedicionaba, no le permitieron por más de un año, avanzar gran cosa, pero al fin después de Miahuatlán, vino a coronar su empresa el éxito mas completo.

Siguiente capitulo: PIAXTLA y TULCINGO

sábado, agosto 20, 2016

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXIV


PRISION EN PUEBLA
DEL 1o. DE MARZO AL 19 DE 
SEPTIEMBRE DE 1865.


La situación de los presos cambió grandemente en Puebla porque fueron entregados a fuerzas austriacas, que los encerraron en tres prisiones distintas, poniendo a los Generales, Coroneles y Tenientes Coroneles en el Fuerte de Loreto, allí los juntaron con otros prisioneros liberales entre quienes estaban el General Santiago Tapia y el General Arce.


Estando presos en el Fuerte de loreto los volvieron amonestar para que protestaran no tomar armas contra la intervención ni el imperio y la mayoría de los que estaban ahí protestaron, menos el General Tapia, el Coronel Castellanos, el Capitán de Artillería Don Ramón Reguera y por supuesto el General Porfirio Díaz.  El valiente Coronel Castellanos, no sólo se negó a protestar sino que lo hizo con palabras duras, por lo cual fue castigado severamente.

Transcurrido algún tiempo los pasaron al Convento de Santa Catarina, donde el General Díaz trató de fugarse haciendo una mina en el lugar que quedaba debajo de su cama, pero cuando estaba a punto de lograr su objetivo, los cambiaron subitamente al convento de la Compañía donde pudo evadirse. Estando allí pidió permiso para tomar algunos baños, se le concedió pero se le obligaba a salir con un sargento austriaco que le seguía a todas partes como su sombra, lo cual le molestaba mucho por lo cual ya no volvió a pedir permiso.

En esos días había quedado con el mando del puesto, el Barón Juan de Csismadia, Teniente de un Regimiento de Húngaros, un día le preguntó al General Díaz el motivo por el cual ya no acudía a bañarse, Díaz le contó cual había sido el problema, entonces el Teniente se ofreció a acompañarlo personalmente y así lo hizo, pero tuvo muchas precauciones como ocupar una silla frente al cuarto de baño y prohibir que fueran ocupados los baños contiguos a ambos lados y que no cerraran las puertas, exceptuando esta vigilancia lo trató con mucha cortesía. De esta forma entablaron una especie de amistad, un día el Teniente hungaro le dijo al General Díaz  que al negarse a protestar no le daba muchas esperanzas de quedar en libertad, pero que él le daría cierta libertad por considerarlo un hombre honesto pero que no abusara de esa licencia pues podría causarle la pérdida del puesto y quizás hasta la muerte, diciendo esto llamó al oficial de la guardia y le indicó que Díaz, podía salir todos los días sin previo permiso, aunque en los primeros días el General Díaz no hizo uso de esa licencia, poco despues comenzó a salir.  Esta consideración hacia el mexicano le costó caro al Teniente Csismadia, pues cuando regresó el Conde de Thum, le hizo un serio extramiento y lo puso en arresto porque había relajado la prisión del detenido.

Al ocupar la plaza de México el 21 de junio de 1867, el General Díaz encontró entre los prisioneros húngaros que tomó del enemigo, al Teniente Csismadia que había ascendido ya a Mayor, lo puso desde luego en  libertad y éste aprovechó su amistad para conseguir algunos favores y consideraciones para sus compatriotas que habían quedado prisioneros.

El mal éxito que había tenido el Conde de Thun en su campaña de la Sierra de Puebla, lo tenía de mal humor, al día siguiente de su arribo a Puebla, llegó a la prisión y llamó al General Díaz al salón de la Corte Marcial, ubicado en el mismo edificio y allí le indicó con maneras bastante rudas que firmara una carta previamente escrita, en la que  ordenaba al General Juan Francisco Lucas, que no fusilara a los prisioneros franceses, porque el Gobierno Imperial se proponía canjearlos por algunos compañeros en prisión y que él podría ser uno de los canjeados. El General Díaz respondió que no podía firmar semejante carta, y que si la firmaba le sería inutil, por que en su calidad de prisionero no podía dar órdenes, ni el General Lucas estaba obligado a obedecerlo.

El Conde Thun lo increpó asperamente y le dijo que no se figuraba que despues de nueve meses en prisión estuviera tan insolente y que el Barón Csismadia había hecho muy mal en brindarle tantas consideraciones que de haberse evadido aprovechandose de la buena fé de éste hubiera causado un grave perjuicio al Gobierno Imperial, en respuesta el General Díaz le dijo que mejor que él, conocía el Barón el carácter de los oficiales mexicanos, pues el nunca los había tenido cerca y los juzgaba por la actitud de los traidores que no se les parecían; y que las garantías que el Barón de Csismadia había tomado para su seguridad eran inquebrantables entre hombres de honor.

En ese mismo día el Conde de Thun ordenó la clausura de las ventanas que daban a la calle, no obstante que tenían fuertes rejas de hierro clavándolas y reforzándolas con gruesas tablas de madera, de modo que estaban obligados a usar luz artificial aún de día, porque tampoco entraba la luz por las puertas de nuestra prisión que daban al corredor, pues éste estaba convertido en salón por medio de una tapía que cubría sus arcos.

Aumentó también el servicio de centinelas de día y de noche en el interior de la prisión, prohibiéndo que a ninguna hora de la noche se aparagá la luz en los cuartos ni se cerraran las puertas, de modo que los centinelas que hacían su vigilancia en cada uno de los cuatro corredores que rodeaban el patio, entraban hacer estación algunas veces en los cuartos o cuando menos los examinaban mientras dormían.

SEGUNDA EVASION DE PUEBLA
20 DE SEPTIEMBRE DE 1865.


La actitud que siguió el General Thun para con Don Porfirio, obligó a éste a planear su evasión, lo había preparado para el 15 de septiembre día de su cumpleaños, pero coincidía esa fecha con el aniversario de la Independencia, no pudo realizar su propósito porque eatabán muy iluminadas las calles de Puebla, contiguas a su prisión, por lo que aplazó su resolución para llevarlo a cabo el día 20.. Había comprado caballos y monturas que tenía preparados en una casa en la cual no había más habitantes que su sirviente que era de entera confianza y arrendada por un su amigo de Puebla sin dar fianza como era la costumbre para no comprometer a nadie.


El teniente Coronel Guillermo Palomino y el Mayor Don Juan de la Luz, sus unicos confidentes entre los compañeros de prisión, invitaron a jugar naipes, a los demás compañeros para tenerlos distraidos y juntos la noche en que se evadió El General Porfirio y no pudieran percatarse de lo que pasaba.  En la tarde del día 20 había añadido y envuelto en forma de esfera tres reatas y dejado otra en su equipaje, y una daga bien afilada como única arma para defenderse en caso de agresión.  Luego que pasó el toque de silencio se fue a un salón destechado y como por esa circunstancia estaba convertido en azotehuela y en donde la entrada y salida de los prisioneros no llamaba la atención de los centinelas porque habían allí inodoros. Se dirigió a ese lugar llevando las tres reatas envueltas en un lienzo gris y después de cerciorarse de que no había otra persona en la azotehuela, los arrojó a la azotea, y con la otra reata que le quedaba lazó una canal de piedra, que le pareció muy fuerte, lo que hizo con mucha dificultad porque no podía distinguir la canal, pues no había más luz que el de las estrellas, por ser la noche muy oscura.  Después de tirar el lazó sin ver y solo calculando el lugar enque estaba la canal, logró acertar la lazada y haciendo algunos esfuerzos subió por la cuerda a la azotea, retirando la cuerda enseguida.

Después caminó por la azotea para la esquina de San Roque, punto señalado para su descenso, era muy peligroso, porque en la azotea del templo que dominaba toda la del convento, había un destacamento y un centinela que tenía por objeto cuidarlos por la azotea. La que el General Díaz recorría era sinuosa, porque cada una de las celdas tenía una bóveda semi-esférica, lo mismo que los espacios de los corredores comprendidos entre cada arco, así es que se deslizaba entre esas medias esferas y acostado sobre el suelo, caminaba hacía el pie de los centinelas, puesto que tenía que buscar el ángulo del patio antes de cambiar de dirección, La marcha diagonal que era más corta y más lejana del guardia, no podía ser sino aérea. Tenía muy a menudo que suspender su camino y explorar con el tacto, el terreno por donde tenía que pasar porque había sobre las azoteas muchos pequeños pedazos de vidrios que hacían mucho ruido al tocarlos, además de que eran muy frecuentes los relampagos. Como pudo llegó por fin a tocar el muro del templo, y como allí no podía verlo el centinela sino inclinándose demasiado, así que pudo continuar de pie y se asomó a  una ventana muy elevada que daba a la guardia de prevención, con objeto de ver si había alguna alarma, Corrió allí un gran peligro porque el piso era muy inclinado y muy resbaladizo debido a las lluvias y sin poderlo evitar se resbalaba hacía los cristales que eran poco resistentes y se vió en verdadero peligro de caer al precipicio, pues la altura de la ventana era considerable.

Al llegar a la esquina de la calle de San Roque por donde se había propuesto descender, era necesario pasar por una parte del convento que servía de casa al Capellán, que tenía el antecedente de haber denunciado poco antes ante la Corte Marcial, a los presos políticos que habían hecho una oradación que fue a dar a esa casa, por lo que fueron fusilados al día siguiente. Bajó a la azotehuela de la casa del capellán, en momentos en que entraba un joven que vivía en ella y que probablemente venía del teatro, pues estaba alegre tarareando una pieza musical.  El General Díaz esperó que se metiera a su cuarto y al poco salió con una vela encendida y se acercó al lugar donde estaba el, quien se escondió para que no lo viera y esperó a que regresara. Permaneció allí el tiempo necesario para concluir lo que había ido a hacer y regresó a su pieza sin darse cuenta de su presencia. Cuando consideró que ya estaba dormido, volvió a ascender a la azotea del convento por el lado del lote opuesto al en que le había servido para bajar y seguir su camino por la azotea a la esquina de san Roque y una calle nueva que se llamaba de Alatriste y que corta el convento, quedando de un lado las casas que han edificado los compradores, y del otro lado el convento. En la esquina hay una estatua de piedra de San Vicente Ferrer que era la que se proponía usar como apoyo para fijar su cuerda. El santo oscilaba mucho al tocarlo entonces para mayor seguridad fijó la cuerda no en él, sino en la piedra que le servia de pedestal y que era a la vez la angular del edificio, le pareció que si bajaba de esa esquina para la calle, podía ser visto por algún transeunte al descolgarse por la cuerda o ver la cuerda despues de su descenso y por esos motivos decidió bajarse a un lote del exconvento que estaba cercado pero no construído todavía, sin saber que al pie del edificio habían cerditos encerrados en un cercado formado con vigas.

Como al comenzar a descender giraba un poco el mecate el roce que sufría por la espalda con la pared, ocasionó que la daga que llevaba en el cinturón se saliera de la vaina, cayendo sobre los cochinos y probablemente hiriendo alguno porque hicieron mucho ruido y se alarmaron todavía más cuando lo vieron o más bien dicho lo sintieron caer sobre éllos Tuvo que dejar pasar un rato para que se aquietaran, con el temor de que el dueño llegara a defender a sus animales, suponiéndo que se los quisieran robar.  Cuando hubo pasado un poco el ruido, subió a la cerca del lote que daba a la calle, pero se vió obligado a retroceder porque en ese momento pasaba un gendarme recorriendo la calle y examinándo las cerraduras de las puertas, cuando se hubo retirado, descendió para la calle y seguió rapidamente para la casa donde tenía sus caballos, su criado y un guía.

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Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXIV


PRISION EN PUEBLA
DEL 1o. DE MARZO AL 19 DE 
SEPTIEMBRE DE 1865.


La situación de los presos cambió grandemente en Puebla porque fueron entregados a fuerzas austriacas, que los encerraron en tres prisiones distintas, poniendo a los Generales, Coroneles y Tenientes Coroneles en el Fuerte de Loreto, allí los juntaron con otros prisioneros liberales entre quienes estaban el General Santiago Tapia y el General Arce.


Estando presos en el Fuerte de loreto los volvieron amonestar para que protestaran no tomar armas contra la intervención ni el imperio y la mayoría de los que estaban ahí protestaron, menos el General Tapia, el Coronel Castellanos, el Capitán de Artillería Don Ramón Reguera y por supuesto el General Porfirio Díaz.  El valiente Coronel Castellanos, no sólo se negó a protestar sino que lo hizo con palabras duras, por lo cual fue castigado severamente.

Transcurrido algún tiempo los pasaron al Convento de Santa Catarina, donde el General Díaz trató de fugarse haciendo una mina en el lugar que quedaba debajo de su cama, pero cuando estaba a punto de lograr su objetivo, los cambiaron subitamente al convento de la Compañía donde pudo evadirse. Estando allí pidió permiso para tomar algunos baños, se le concedió pero se le obligaba a salir con un sargento austriaco que le seguía a todas partes como su sombra, lo cual le molestaba mucho por lo cual ya no volvió a pedir permiso.

En esos días había quedado con el mando del puesto, el Barón Juan de Csismadia, Teniente de un Regimiento de Húngaros, un día le preguntó al General Díaz el motivo por el cual ya no acudía a bañarse, Díaz le contó cual había sido el problema, entonces el Teniente se ofreció a acompañarlo personalmente y así lo hizo, pero tuvo muchas precauciones como ocupar una silla frente al cuarto de baño y prohibir que fueran ocupados los baños contiguos a ambos lados y que no cerraran las puertas, exceptuando esta vigilancia lo trató con mucha cortesía. De esta forma entablaron una especie de amistad, un día el Teniente hungaro le dijo al General Díaz  que al negarse a protestar no le daba muchas esperanzas de quedar en libertad, pero que él le daría cierta libertad por considerarlo un hombre honesto pero que no abusara de esa licencia pues podría causarle la pérdida del puesto y quizás hasta la muerte, diciendo esto llamó al oficial de la guardia y le indicó que Díaz, podía salir todos los días sin previo permiso, aunque en los primeros días el General Díaz no hizo uso de esa licencia, poco despues comenzó a salir.  Esta consideración hacia el mexicano le costó caro al Teniente Csismadia, pues cuando regresó el Conde de Thum, le hizo un serio extramiento y lo puso en arresto porque había relajado la prisión del detenido.

Al ocupar la plaza de México el 21 de junio de 1867, el General Díaz encontró entre los prisioneros húngaros que tomó del enemigo, al Teniente Csismadia que había ascendido ya a Mayor, lo puso desde luego en  libertad y éste aprovechó su amistad para conseguir algunos favores y consideraciones para sus compatriotas que habían quedado prisioneros.

El mal éxito que había tenido el Conde de Thun en su campaña de la Sierra de Puebla, lo tenía de mal humor, al día siguiente de su arribo a Puebla, llegó a la prisión y llamó al General Díaz al salón de la Corte Marcial, ubicado en el mismo edificio y allí le indicó con maneras bastante rudas que firmara una carta previamente escrita, en la que  ordenaba al General Juan Francisco Lucas, que no fusilara a los prisioneros franceses, porque el Gobierno Imperial se proponía canjearlos por algunos compañeros en prisión y que él podría ser uno de los canjeados. El General Díaz respondió que no podía firmar semejante carta, y que si la firmaba le sería inutil, por que en su calidad de prisionero no podía dar órdenes, ni el General Lucas estaba obligado a obedecerlo.

El Conde Thun lo increpó asperamente y le dijo que no se figuraba que despues de nueve meses en prisión estuviera tan insolente y que el Barón Csismadia había hecho muy mal en brindarle tantas consideraciones que de haberse evadido aprovechandose de la buena fé de éste hubiera causado un grave perjuicio al Gobierno Imperial, en respuesta el General Díaz le dijo que mejor que él, conocía el Barón el carácter de los oficiales mexicanos, pues el nunca los había tenido cerca y los juzgaba por la actitud de los traidores que no se les parecían; y que las garantías que el Barón de Csismadia había tomado para su seguridad eran inquebrantables entre hombres de honor.

En ese mismo día el Conde de Thun ordenó la clausura de las ventanas que daban a la calle, no obstante que tenían fuertes rejas de hierro clavándolas y reforzándolas con gruesas tablas de madera, de modo que estaban obligados a usar luz artificial aún de día, porque tampoco entraba la luz por las puertas de la prisión que daban al corredor, pues éste estaba convertido en salón por medio de una tapía que cubría sus arcos.

Aumentó también el servicio de centinelas de día y de noche en el interior de la prisión, prohibiéndo que a ninguna hora de la noche se aparagá la luz en los cuartos ni se cerraran las puertas, de modo que los centinelas que hacían su vigilancia en cada uno de los cuatro corredores que rodeaban el patio, entraban hacer estación algunas veces en los cuartos o cuando menos los examinaban mientras dormían.

SEGUNDA EVASION DE PUEBLA
20 DE SEPTIEMBRE DE 1865.


La actitud que siguió el General Thun para con Don Porfirio, obligó a éste a planear su evasión, lo había preparado para el 15 de septiembre día de su cumpleaños, pero coincidía esa fecha con el aniversario de la Independencia, no pudo realizar su propósito porque eatabán muy iluminadas las calles de Puebla, contiguas a su prisión, por lo que aplazó su resolución para llevarlo a cabo el día 20.. Había comprado caballos y monturas que tenía preparados en una casa en la cual no había más habitantes que su sirviente que era de entera confianza y arrendada por un su amigo de Puebla sin dar fianza como era la costumbre para no comprometer a nadie.


El teniente Coronel Guillermo Palomino y el Mayor Don Juan de la Luz, sus unicos confidentes entre los compañeros de prisión, invitaron a jugar naipes, a los demás compañeros para tenerlos distraidos y juntos la noche en que se evadió El General Porfirio y no pudieran percatarse de lo que pasaba.  En la tarde del día 20 había añadido y envuelto en forma de esfera tres reatas y dejado otra en su equipaje, y una daga bien afilada como única arma para defenderse en caso de agresión.  Luego que pasó el toque de silencio se fue a un salón destechado y como por esa circunstancia estaba convertido en azotehuela y en donde la entrada y salida de los prisioneros no llamaba la atención de los centinelas porque habían allí inodoros. Se dirigió a ese lugar llevando las tres reatas envueltas en un lienzo gris y después de cerciorarse de que no había otra persona en la azotehuela, los arrojó a la azotea, y con la otra reata que le quedaba lazó una canal de piedra, que le pareció muy fuerte, lo que hizo con mucha dificultad porque no podía distinguir la canal, pues no había más luz que el de las estrellas, por ser la noche muy oscura.  Después de tirar el lazó sin ver y solo calculando el lugar enque estaba la canal, logró acertar la lazada y haciendo algunos esfuerzos subió por la cuerda a la azotea, retirando la cuerda enseguida.

Después caminó por la azotea para la esquina de San Roque, punto señalado para su descenso, era muy peligroso, porque en la azotea del templo que dominaba toda la del convento, había un destacamento y un centinela que tenía por objeto cuidarlos por la azotea. La que el General Díaz recorría era sinuosa, porque cada una de las celdas tenía una bóveda semi-esférica, lo mismo que los espacios de los corredores comprendidos entre cada arco, así es que se deslizaba entre esas medias esferas y acostado sobre el suelo, caminaba hacía el pie de los centinelas, puesto que tenía que buscar el ángulo del patio antes de cambiar de dirección, La marcha diagonal que era más corta y más lejana del guardia, no podía ser sino aérea. Tenía muy a menudo que suspender su camino y explorar con el tacto, el terreno por donde tenía que pasar porque había sobre las azoteas muchos pequeños pedazos de vidrios que hacían mucho ruido al tocarlos, además de que eran muy frecuentes los relampagos. Como pudo llegó por fin a tocar el muro del templo, y como allí no podía verlo el centinela sino inclinándose demasiado, así que pudo continuar de pie y se asomó a  una ventana muy elevada que daba a la guardia de prevención, con objeto de ver si había alguna alarma, Corrió allí un gran peligro porque el piso era muy inclinado y muy resbaladizo debido a las lluvias y sin poderlo evitar se resbalaba hacía los cristales que eran poco resistentes y se vió en verdadero peligro de caer al precipicio, pues la altura de la ventana era considerable.

Al llegar a la esquina de la calle de San Roque por donde se había propuesto descender, era necesario pasar por una parte del convento que servía de casa al Capellán, que tenía el antecedente de haber denunciado poco antes ante la Corte Marcial, a los presos políticos que habían hecho una oradación que fue a dar a esa casa, por lo que fueron fusilados al día siguiente. Bajó a la azotehuela de la casa del capellán, en momentos en que entraba un joven que vivía en ella y que probablemente venía del teatro, pues estaba alegre tarareando una pieza musical.  El General Díaz esperó que se metiera a su cuarto y al poco salió con una vela encendida y se acercó al lugar donde estaba el, quien se escondió para que no lo viera y esperó a que regresara. Permaneció allí el tiempo necesario para concluir lo que había ido a hacer y regresó a su pieza sin darse cuenta de su presencia. Cuando consideró que ya estaba dormido, volvió a ascender a la azotea del convento por el lado del lote opuesto al en que le había servido para bajar y seguir su camino por la azotea a la esquina de san Roque y una calle nueva que se llamaba de Alatriste y que corta el convento, quedando de un lado las casas que han edificado los compradores, y del otro lado el convento. En la esquina hay una estatua de piedra de San Vicente Ferrer que era la que se proponía usar como apoyo para fijar su cuerda. El santo oscilaba mucho al tocarlo entonces para mayor seguridad fijó la cuerda no en él, sino en la piedra que le servia de pedestal y que era a la vez la angular del edificio, le pareció que si bajaba de esa esquina para la calle, podía ser visto por algún transeunte al descolgarse por la cuerda o ver la cuerda despues de su descenso y por esos motivos decidió bajarse a un lote del exconvento que estaba cercado pero no construído todavía, sin saber que al pie del edificio habían cerditos encerrados en un cercado formado con vigas.

Como al comenzar a descender giraba un poco el mecate el roce que sufría por la espalda con la pared, ocasionó que la daga que llevaba en el cinturón se saliera de la vaina, cayendo sobre los cochinos y probablemente hiriendo alguno porque hicieron mucho ruido y se alarmaron todavía más cuando lo vieron o más bien dicho lo sintieron caer sobre éllos Tuvo que dejar pasar un rato para que se aquietaran, con el temor de que el dueño llegara a defender a sus animales, suponiéndo que se los quisieran robar.  Cuando hubo pasado un poco el ruido, subió a la cerca del lote que daba a la calle, pero se vió obligado a retroceder porque en ese momento pasaba un gendarme recorriendo la calle y examinándo las cerraduras de las puertas, cuando se hubo retirado, descendió para la calle y seguió rapidamente para la casa donde tenía sus caballos, su criado y un guía.

Proximo capitulo: EL CAMINO DE PUEBLA PARA EL RANCHO DEL CORONEL BERNARDINO GARCIA y TEHUITZINGO


viernes, agosto 05, 2016

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXIII

RENDICION DE OAXACA
DEL 8 AL 9 DE FEBRERO DE 1865.

Por los motivos antes descritos al General Porfirio Díaz no le quedó más remedio que entregar la plaza, como a las diez de la noche del día 8 de febrero de 1865, se dirigió al Cuartel General de Montoya, sin previo armisticio, acompañado de los Coroneles Apolonio Angulo y José Ignacio Echegaray a quienes intencionalmente llevó para que presenciaran la entrevista con General Bazaine al entregar el sitio de Oaxaca porque  no podía defenderse ya y que estaba a su disposicion, éste creyendo que éllo equivalia a su sumisión al imperio, le dijo que se alegraba mucho de que volviera de su extravío que el calificó de ser muy grande al tomar las armas contra su soberano.   El General Díaz le contestó que ni se adhería ni reconocía el imperio que le era tan hostil como lo había sido mientras estuvo detrás de sus cañones, pero que la resistencia era imposible y el sacrificio estéril porque ya no tenía hombres ni armas.  Despues habló el General Bazaine de ciertas dificultades que los franceses podían tener para ocupar la plaza, porque sabían que había muchas minas, las cuales posiblemente podían estallar, el General Díaz le contestó que efectivamente había algunas, pero que se había visto en la necesidad de descargarlas con el objeto de hacer cartuchos, porque no tenía municiones con que defenderse, que facilmente podían descargarlas las pocas que quedaban, porque se sabía bien el lugar en que estaban y mandaría a un oficial de artillería para ese fín.  Así se hizo aunque siempre estalló una mina porque un zuavo tiro imprudentemente la piola y causó explosión, Después se dió la orden de suspender los fuegos dominantes de los cerros.  Ya no se volvió hacer uso de las armas y el General Díaz y Compañía fueron retenidos en el cuartel general el resto de la noche. En la madrugada de esa misma noche el General Diaz por acuerdo del General Bazine  mandó al Coronel Echaragay con instrucciones de que se entregaran otros puntos al enemigo y despues que amaneció Bazaine mandó a Díaz a la plaza con Don Juán Pablo Franco y una escolta de Cazadores de Africa, Para que Don Porfirio diera orden de que se permitiera la entrada a los franceses, y en seguida llegó el General Brincount con su regimiento hasta el Palacio del Estado, tomando de esta manera posesión de la ciudad el ejército francés.


CONDUCCION A PUEBLA COMO
PRISIONERO DE GUERRA
DEL 10 AL 28 DE FEBRERO DE 1865.

Despues de haber rendido la plaza a los franceses, el General Diaz, obiamente muy trizte  pasó a Montoya y de allí fue conducido en la noche del día 9 para Etla, como prisionero de guerra, con escolta y excesiva vigilancia al mando del Comandante Chapie.  Así llegó a Etla en compañía de los licenciados Justo Benitez y Miguel Castellanos Sánchez y de los Generales Cristóbal Salinas y José María Ballesteros y de los Coroneles Ignacio Echegaray y Apolonio Angulo.  En Etla fueron alojados en casa de Don José María Filio, una da las mejores del lugar en la cual anteriormente estuvo el General Bazaine.



Estando en Etla se le presentó el Mayor de Caballería Vizconde de Kelan, que había pertenecido al Estado Mayor del Emperador Napoleón, según él le contó al General Díaz,  que entonces servía en Húsares de la Guardia Real, el Vizconde se encargó de sus custodias hasta Puebla y los trató con mucha amabilidad, pero a la vez con mucha vigilancia y tomando toda clase de precauciones. Varias veces pedía permiso al General Díaz, para dar el primer toque de marcha y le preguntaba con frecuencia si deseaba hacer alto en algún punto, y así llegaros a Puebla. De Etla a Puebla fueron por el camino de la Mixteca y Acatlán, y siguiendo al General Bazaine en su regreso a la ciudad de México.

Proximo capitulo: PRISION EN PUEBLA y SEGUNDA EVASION DE PUEBLA

martes, junio 28, 2016

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXII

PREPARATIVOS PARA EL SITIO DE OAXACA
SAN ISIDRO
DEL 17 AL 27 DE DICIEMBRE DE 1864.

El 17 de diciembre de 1864 se reunieron en la Carbonera la columna de Curtois D´Hurbal y la de Brincourt y descendieron a Etla, El General Porfirio tenía su observación, en la Hacienda de San Isidro inmediata a Etla, la Brigada de Caballería que mandaba el Coronel Jeronimo Treviño, y su puesto avanzado en Tenexpa, cerca del enemigo, que cubria el escuadrón irregular que mandaba el Coronel Ladislao Cacho. El día 18 recibió el Coronel Don Felix Díaz, que tenía el mando por ausencia de Treviño, repentinamente aviso de que el puesto había sido forzado, y como la Brigada se mantenía con la caballada ensillada, mandó el Coronel Díaz que salieran violentamente los lanceros de Oaxaca.  Apenas habia salido el regimiento a formar fuera de la casa de la hacienda, cuando llegaba a todo escape y sufriendo grandes pérdidas la caballería del Coronel Cacho.


En un momento se chocaron las fuerzas francesas que pereguian a Cacho con los Lanceros de Oaxaca,  que se les aparecieron dentro de la polvareda que habían levantado aquellos; dando un choque tan fuerte a los cazadores de africa, que venían batiendo a arma blanca a los prófugos, que los cazadores voltearon caras instantaneamente y fueron perseguidos por más de tres leguas por los Lanceros de Oaxaca y la Legión del Norte, que salió tan pronto como pudo a tomar su lugar en la persecución.

El Coronel Díaz continuo la persecución hasta encontrar el gruso del enemigo que venía en marcha sobre el camino. Despues de un ligero cañoneo  sobre nuestra caballería, se retiró ésta a la Hacienda Blanca, sin que los francees se atrevieran a perseguirlos.

Los franceses sufrieron grandes pérdidas en ese choque en el que sucumbió el Conde de Loire.  El enemigo quedó dueño  de la Villa de Etla, haciendo al día siguiente grandes funerales a los oficiales muertos y especialmente al Conde de Loire.  En este hecho de armas se destacó por su valor el Mayor de la Legión del Norte, Don Basilio Garza.

Pasados cuatro o cinco días, el General Curtois D´Hurbal personalmente hizo un reconocimiento a los alrededores de la Ciudad, con una fuerte columna de suavos, cazadores de Africa, Húsares de la Guardia y una batería de artillería, volviendo enseguida a su campamento de Etla.

Despues de algunos días el General Diáz, se enteró que el General Bazaine se dirigía para Etla por el camino de la Mixteca, con una escolta de 500 suavos, media batería de cañones y 300 caballos, Al General Díaz, le pareció que la Brigada de Caballería podía prestar un importante servicio, batiéndolo antes de que se incorporara al núcleo de tropas que ocupaban Villa de Etla, y dió ordenes con ese objeto al Coronel Treviño, quien se dirigió con su Brigada al encuentró de Bazaine: pero en la noche, víspera del día en que debía encontrarlo y batirlo, desapareció el Coronel Treviño con la Legión del Norte y Lanceros de San Luis, estando cerca de Tamazulapan, donde pernoctaba Bazaine, y e dirigió con la fuerza que le acompañaba a la Sierra de Tetela, del Estado de Puebla.

El Coronel Félix Díaz que se encontraba acampando a corta distancia con su regimiento y con el escuadrón  Cacho, no tenía noticias del movimiento del Coronel Treviño sino hasta que amaneció, que eran precisamente los momentos en que ya el General Bazine y su escolta se ponían en marcha, y nada serio pudo ejecutar porque quedó reducido a su regimiento que contaría 400 caballos y al escuadrón Cacho que tendría unos 60, y no se explicaba la ausencia del Coronel Treviño con la mayor parte de la fuerza. En consecuencia se retiró a la vanguardia del enemigo, tiroteándolo durante algunas horas, y despues tuvo que caminar a campo traviesa sobre la sierra, para evadir el encuentro con otra caballería francesa, procedente de Oaxaca que había salido para proteger a Bazaine.

Desde entonces los liberales ya no contaron con el auxilio de la caballería fuera de la Plaza, porque la que quedaba a las órdenes del Coronel Díaz, era muy poca para emprender operaciones de resultado práctico. Para salir de la penosa disyuntiva entre el sitio y el abandono de la plaza, el General Díaz discurrió un plan seguir haciendo todo los preparativos de sitio, pero no con el propósito de llevarlo a cabo sino de librar una batalla campal al llegar el invasor a la plaza. Se le ocurrió que una línea de batalla apoyando la derecha en el Fortín de la Soledad que estaba artillada y a la iquierda en el Monte Albán estaría  en muy buenas condiciones de combate porque haría todo su movimiento de reservas. provisión de municiones y servicio de ambulancia dentro de la ciudad, a cubierto de la vista y de los fuegos del enemigo. Si en esa batalla eran vencidos, habrían perdido en combate su artillería pesada y sus municiones, como de todos modos no podrían llevar, habría sido consumida en perjuicio de los franceses. Si dejar de contar con una victoria tan posible como la del 5 de mayo de 1863, si al fín eran derrotados, los restos que pudieran salvar serían visibles y ligeros, propios para la guerra de montaña que los esperaba.  Con objeto de proponer este plan y sus detalles invitó al General Benavides, Cuartel Maestre de Cuerpo d eEjército , para que lo acompañara a caballo un día a las seis de la mañana, y lo discutieron estando solo los dos, porque como se comprende para alcanzar éxito su plan necesitaba ser desconocido y inesperado del enemigo, y para que lao fuera era necesario que lo ignoraran tambien los subordinados hasta el momento de ejecutarlo.  Una vez propuesto el plan con sus detallesque sería muy tedioso enumerar aquí, pero que lo hacían muy aceptable, lo objetó el General Benavides por falta, en su concepto, de expedición en la maniobra de las tropas, si se tenía en cuenta que se trataba de combatir a campo raso contra soldados de merecida fama, bajo el aspecto de su movilidad, pues debían proteger a sus soldados con las fortificaciones construídas con tanto trabajo, para compensar la diferencia de disciplina en la que, con pena, era necesario conceder superioridad a los franceses.

En las conferencias militares que acostumbraba dar el General Día a los Generales y Jefes, comenzó a notar que se acentuaba la opinión en favor de la defensa, y en contra de su idea: como el asunto se traía a cuestión con poca naturalidad y que las razones aducidas eran las mismas, expuetas por el General Benavides, lo cual le hizo sospechar que no había sido él tan reservado como debiera.     Despues de esto no le quedó más recursos que aceptar el sitio, y con la determinación que le caracterizaba se preparó a la defensa pese a contar con solo 2,800 hombres, pues el Coronel Jerónimo Treviño se marchó con la Legión del Norte y lanceros de San Luis.
                                     

SITIO DE OAXACA POR EL JEFE
BAZAINE
AGUILERA
DEL 28 DE DICIEMBRE DE 1864 AL
9 DE FEBRERO DE 1865.

Dos o tres días despues del reconocimiento por el General Curtois d´Urbal, se movió toda la fuerza frrancesa y traidora y comenzó a establecer su sitio de contravalación.  El General Bazaine llegó a  su campamento sobre Oaxaca el 15 de enero de 1865 y asumió desde luego el mando en Jefe.

Los franceses ocuparon primero lo que éllos llamaban primer dominante, y cuyo nombre vulgar es el cerro Pelado Grande, el Monte Alban y el pueblo de Xoxo, y seguirian ocupando la línea no con resistencia decisiva, pero si con pequeños tiroteos por parte de la plaza, que tendían a impedir o dificultar sus obras hasta cerrar su línea en San Felipe del Agua, que ocupó el General Jeanningros con los batallones Cazadores de Africa de a pie y Legión Extranjera.

El General Bazaine estableció su Cuartel General, al comenzar el sitio, en el pueblo de San Jacinto de Amilpas, y cuando lo hubo estrechado lo trasladó a la Hacienda de Montoya.  A ojo de buen cubero las fuerzas que tenía Bazaine al cerrar el sitio ascendería a unos 9,000 hombres del ejército frances y cosa de mil traidores a la patria, siendo los ultimos de caballería.  Al perder el General Díaz su caballería por culpa del General Treviño, se quedó con solo 2,800 hombres.

La fuerza sitiadora se aumentó en los ultimos días del sitio, porque sin duda cuando el General Bazaine hubo estrechado su línea y adelantado sus obras de aproche y tal vez fijado día para el asalto, comenzó a detener a su gente que llegaban como escoltas de los convoyes que se les enviaban, que eran partes gruesas porque el Coronel Felix Díaz los hostilizaba en el camino, en téminos que al fin del sitio la fuerza sitiadora había aumentado considerablemente lo mismo que su material. pues tenía hasta morteros de 14 pulgadas.

Durante el mes de enero de 1865, cuando el General Jeanningros, ocupaba el pueblo de San Felipe con un batallón de cazadores a pie y otro de la Legión Extranjera, surgió una disputa por la Hacienda de Aguilera que estaba entre la Ciudad de Oaxaca y San Felipe del Agua pero más cerca de la ciudad que del pueblo, que no había sido ocupada por las fuerzas liberales, porque el personal disponible era poco y apenas bastaba para defender el area de la ciudad.  Sin embargo, como la hacienda quedaba entre ambos combatientes, sus dueños y vecinos la habían abandonado, y eso dió motivo a que la plebe, y entre ella algunos soldados, comenzaran a extraer las semillas que había en ella.  Con este motivo el 22 de enero de 1865 el General Jeanningros mandó unas compañías que batieran a los que saqueaban la hacienda o tomaran posesión de ella; pero como al ocuparla sin resistencia, pues aunque entre la masa desalojada había algunos soldados que estaban desarmados, hizo alarde de victoria.  Al General Díaz no le gustó esta actitud y pensó que si no le apagaba su orgullo infundado, sus soldados se desanimarían y entonces mandó al Mayor Don José Guillermo Carbó con la compañía de granaderos del 1er. batallón de Sinaloa, y la 3a. del de Juárez, a desalojar a los franceses de la hacienda de Aguilera.  Hubo un combate en el que sufrieron grandes pérdidas por una y otra parte, pero al fín quedaron desalojados los franceses y rechazado un auxilio considerable que de San Felipe del Agua mandaba el General Jeanningros. Como nunca entró en sus planes la defensa de la hacienda de Aguilera la mandó abandonar en la noche cuando ya nadie la disputaba.

Los estragos que causaban en la fuerza sitiada los frecuentes combates que tenían por objeto impedir los aproches, y el bombardeo constante que el enemigo sostuvo sobre la plaza, así como la noticia de la pérdida de la caballería y de la defección de la guarnición que había dejado en Tehuantepec a las órdenes del Coronel Remigio Toledo y los trabajos de los liberales renegados, desmoralizaron de tal manera a la tropa al mando del General Díaz, que llegaron a desertarse guardias enteras hasta con sus comandantes.

En los primeros dias de febrero el General Díaz recibió comunicaciones de los Jefes que defendían los principales punto, en los que le decían que no respondían de la situación, que era imposible con fuerza tan pequeña y desmoralizada resistir un ataque de un número tan fuerte y bien armado que era el enemigo, sobre todo cuando en los últimos días ya no había viveres de ningún género, pero que si no disponía otra cosa sucumbirian cumpliendo con su deber, solamente el Coronel Don Juan Espinosa y Gorostiza que defendía el convento de la Soledad y la línea de que dicho convento era centro, no le dirigió nunca una queja, no obstante que su situación era idéntica a la de los demás.      

El día 8 de febrero de 1865, se les agotaron por completo las municiones de guerra y los viveres de los ombatientes y de las familias que quedaron dentro de la plaza sitiada, en este estado de completa desmoralización, le pareció al General Díaz que no debía permitir que corriera más sangre en el último asalto así que con mucho dolor se decidió entregar la Ciudad de Oaxaca.

Proximo capitulo: RENDICION DE OAXACA y CONDUCCION A PUEBLA COMO
PRISIONERO DE GUERRA