lunes, noviembre 02, 2015

Porfirio Diaz, el héroe olvidado. Capitulo IV

PRIMER SITIO DE OAXACA.
8 DE ENERO DE 1859.


El primer Congreso Constitucional se había reunido en septiembre de 1857 y el General Comonfort, electo Presidente, había inaugurado su nueva administración el 1o. de diciembre del mismo año, pero por consejos del Partido Conservador, disolvió el Congreso el 17 de diciembre y proclamó la dictadura.
En ese tiempo El Capitán Porfirio Díaz, se encontraba recuperandose de sus heridas en el Convento de Santo Domíngo en Oaxaca, sus heridas estaban aun muy delicadas y casi no podía caminar. Al poco de estar ahí se acercó una columna de militares, comandados por Don José Ma. Cobos, que los conservadores mandaron de México sobre Oaxaca.  Se apoderaron de la ciudad y establecieron su cuartel general en el Palacio del Estado y el Gobernador  con las Guardias Nacionales dirigidas por el Coronel don Ignacio Mejía, se refugiaron en los Conventos de Santo Domíngo,  El Carmen y Santa Catarina, los cuales fueron sitiados por las fuerzas conservadoras.  En un momento en que el Gobernador de Oaxaca Díaz Ordaz y el Coronel Ignacio Mejía, discutían los medios para la defensa y se lamentaban de que no había mucho personal disponible para luchar, Porfirio Díaz, se presentó y se puso a sus ordenes, pese a estar en plena convalecencia, sin embargo aceptaron su ofrecimiento conmovidos por su nobleza y lo nombraron Comandante del fuerte de Santa Catarina, que le entregaron para su defensa, El Gobernador Díaz Ordaz, tomó a su cargo la defensa de Santo Domíngo y el Coronel Salinas la defensa del Carmen.

UN PLAN DESESPERADO.


Al Comandante  Porfirio se le dió un piquete de Guardia Nacional de Ocotlán, a las ordenes del Capitán Ramón del Pino, otro de la Guardia Nacional de Tuxtepec a las ordenes del Sub-Teniente Marcos Carrillo y otro de Caballería Desmontada de Jaltacatlán a la orden del Aferez Vicente Bolaños, formando un total de 60 hombres,  con esta fuerza fortificó lo mejor que pudo el lugar. A los 20 días de sitio, el cansancio, la falta de alimentos y municiones, comenzaron hacer estragos.  Un día quien sabe por que medios se enteraron  que una de las barricadas que el enemigo había puesto en la esquina llamada del Cura Unda, frente a sus posiciones eran en su mayor parte de sacos de harina y salvado, al Comandante Díaz, se le ocurrió una grandiosa idea, propuso un ataque súbito a las trincheras y en la confusión apoderarse del material con que estaban hechas. Se lo comunicó a sus Superiores, que aceptaron el plan, para esto Porfirio les dejó sus apuntes donde señalaba la combinación de toques de corneta para comunicarse, sin que les entendiera el enemigo. Convinieron que fuera a las diez de la noche.  Saldría de su línea de defensa con 25 hombres y penetraría a las casas de la cuadra contigua por medio de hacer horadaciones en las paredes de adobe hasta llegar a la esquina, donde saldría por atrás de la trinchera enemiga, mientras Díaz, realizaba  su trabajo haciendo el menor ruido posible, los soldados a su mando  distraian al enemigo con tiroteos, obligando al enemigo a responder el fuego, para que no escucharan el ruido que pudieran hacer al estar rompiendo las paredes. casa por casa siguieron avanzando en cada una de ellas el Comandante Díaz, dejaba un soldado de guardia, todo iba bien pero resulta que en la última casa estaba el mismisimo Cobos, que al ser sorprendido huyó a esconderse,dando la alarma con sus gritos, acudieron muchos soldados enemigos, así es que tuvieron que sostener un combate muy reñido y se fueron acumulando en el dintel de la puerta los cadáveres de los soldados de ámbos bandos, Porfirio, dió la orden al corneta para que tocara diana que según su combinación de que le dejó copia al Coronel Mejía, significaba que necesitaba refuerzos y municiones, pero el coronel no lo oyó o no le entendió el toque, porque contestaron con otra diana diana con chinchin y hecharon a volar las campanas de Santo Domíngo, al percatarse que no obtendría ayuda y que ya sólo le quedaban 3 hombres, además de que había muchos enemigos afuera, Díaz  arrojó granadas de mano con el fin de ganar tiempo para salir tan pronto como pudiera pues el paso estaba obstruido por los soldados caidos, en su retirada y debido a la oscuridad se desubicó y no encontró los huecos hechos en la paredes, los guardias que dejó y que se suponía le indicarían el camino, ya no estaban, pero pudo saltar la tapia que no era muy alta, cuando ya sus perseguidores estaban a punto de darle alcance, llegando a tiempo a su línea de defensa.  Así es como fracasó esta operación que tantas esperanzas les dió para meter estas humildes provisiones que para éllos que estaban sitiados les hubiera sido de gran ayuda, ya que no tenian que comer.


En la mañana que siguió al ataque de la esquina del Cura Unda, creció la desmoralización entre los sitiados al saber que el Gobierno se proponía retirarse para la sierra rompiendo el sitio.  Los oficiales más jovenes y belicosos decidieron desobedecer esa orden y atacar la plaza.  Decididos para el asalto, se organizaron  tres columnas de cerca de 200 hombres cada una: La primera se componía de cazadores, que debía atacar por las calles de Sangre de Cristo, Estanco y Sagrario, se puso a las ordenes del Teniente Coronel, Don José María Batalla y como segundo el Capitán Don Vicente Altamirano. La segunda de granaderos, debía hacer un ataque paralelo por las calles del Carmen de Arriba, Campana y Colegio de Niñas, era mandada por el Teniente Coronel Manuel Velasco y por el Comandante Porfirio Díaz,  y la tercera que debía atacar por la calle de la Barranca, paralela también hasta la esquina de la Virgen de Piedra, se puso a las ordenes del Teniente Coronel Don José M. Ballesteros y como segundo al Capitán  D. Luis Terán y una columna de reserva que marchaba a la retaguardia de las columnas de asalto. Al amanecer del día 16 de enero de 1858, salieron al mismo tiempo las tres columnas por las calles que se les había designado. A la mitad de la marcha de la primera columna, cayó mortalmente herido el Teniente Coronel Batalla, quien murió a pocas horas, como quien dice dejó de dar batalla y quedó gravemente herido el Capitán  Don Vicente Altamirano. Pese a esto las columnas seguían su marcha hasta la Plaza de Armas a las ordenes de Don Mariano Jiménez.  La segunda columna forzó la trinchera de la calle de la carcel, volteó el cañón que la defendía y marchó con el hasta el atrio de la catedral. La tercera columna llegó sin obstáculos hasta la esquina de la concepción y atacaba de flanco el Palacio sin haber tenido que forzar más que una barricada de adobes que no tenía artillería, detenida la segunda columna a cargo del Comandante Díaz, en la esquina formada por la Alameda Central, Catedral y Portal del Señor, se le incorporó  la primera columna que había quedado sin jefes, y había penetrado forzando la trinchera del estanco, pero todo en desorden. En algunos ataques que intentaron las fuerzas liberales por dentro del Portal del Señor,   les mataron a  muchos oficiales, sargentos, soldados e hirieron gravemente al Teniente Coronel Velasco, por lo que quedó al mando el Comandante Díaz, que de inmediato organizó una nueva columna con el personal de la primera y la segunda y marchó directamente al palacio. Atacó por la puerta principal, mientras el Teniente Terán lo hacia por la puerta del costado, el enemigo fue abatido por las dos puertas, quedando derrotado y perdiéndo muchos oficiales y tropa.

Proximo Capitulo: TEHUANTEPEC, JALAPA Y LAS JICARAS. Y LOS AMATES, JALAPA, TEQUISIXTLAN

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