sábado, marzo 11, 2017

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XXXIII

MIAHUATLAN
5 DE OCTUBRE DE 1866.

Vuelto a su campamento de Tecomatlán, nuestro héroe olvidado, emprendió otra vez la marcha por el rumbo de las Andallas, mandando a su hermano el Coronel Felix Díaz, por la vía más corta a colocarse al norte del Estado de Oaxaca, apoyandose en el cerro de San Felipe del Agua, con orden de amagar seriamente la plaza si el enemigo la debilitaba sacando alguna tropa en su persecución, y ofreciéndole que él haría una cosa semejante por el sur en los casos que él fuera perseguido por el enemigo, porque si no le era posible en esas acometidas tomar la ciudad, a lo menos serviría para distraer a la columna que lo persiguiera o viceversa.

En cumplimiento de esta combinación hizo su marcha, de las Andallas a Peras y de Peras a Huajolotitlán, llegando hasta Zimatlán, donde pernoctó y supo que una fuerte columna mandada por el General Oronoz, salió en su persecución.

 Evadiendo el choque del enemigo se dirigió a Ejutla y allí permaneció hasta que Oronoz se movió de Zimatlán y entonces la fuerza a su mando ocupó Miahuatlán. Permaneció el enemigo dos o tres días en Ejutla y él en Miahuatlán, (a pa nombrecitos de estos pueblos).

El 3 de octubre de 1866, sus vigías que se habían descuidado (lo dicho no se puede confiar en nadie)   llegaron corriendo a avisarle que el enemigo se acercaba, cuando ya casi lo tenían encima, muchos de los soldado se encontraban limpiando sus armas para pasar revista y por ese motivo había muchos fusiles desarmados, el General Díaz,  mandó que violentamente se armaran, que la tropa se pusiera en estado de recibir órdenes y que se cargaran las mulas con los bagajes y que cuando todo esto estuviera hecho el Coronel González emprendiera su marcha con toda la infantería por el camino de Cuixtla, que es montañoso, y él con su Estado Mayor y su escolta resolvió salir inmediatamente al encuentro del enemigo, dejando órdenes que luego que estuviera ensillada y lista la caballería siguiera su movimiento y que recibiría ordenes al incorporársele.  Siguió su marcha hasta una colina que parte por la mitad la carretera para Oaxaca que distará como un kilometro de la plaza de Miahuatlán. Su escolta y ayudantes fueron colocados en línea de tiradores sobre la cumbre de la colina; y como el enemigo no podía ver lo que había detrás de ella, creyó que allí había fuerza con quien tenía que combatir, hizo alto y monto sus obuses de montaña.

En esos momentos apareció la columna de caballería de las fuerzas liberales saliendo por una de las calles principales del pueblo y en ese instante lo vió bien el enemigo aunque lo perdía de vista a proporción que se acercaba a la colina, con muy poca diferencia comenzó a salir por el camino de Cuixtla la infantería que mandaba el Coronel González. El enemigo naturalmente creyó entonces que se trataba de una retirada y que la  presencia de Diaz cortando, el camino, no tenía más objeto que dar tiempo a la infantería para que se alejara de aquel lugar.  En consecuencia,  reunió su caballería que había colocado a los dos costados de la infantería y comprendiendo el General Díaz que iba a darle una carga decisiva, ordenó al General Ramos que por la misma calle por donde había llegado volviera a la plaza y saliera a juntarse con el Coronel González que debía esperar en la loma por la que iba desfilando.

Tocó alto frente al Coronel González y destacó un ayudante con orden de traerle 50 hombres de infantería de los que por no haber ascendido a la colina no estaban a la vista del enemigo y que los condujera por dentro de la barranca, a fin de que pudieran llegar cerca del camposanto del pueblo, sin que el enemigo los viera.  En el movimiento de retroceso del General Ramos, El General Díaz le incorporó su escolta y su Estado Mayor y se quedó sólo con el clarín, en una de las bocacalles del pueblo, por donde tenía que pasar su caballería y en seguida la del enemigo.

La caballería de los imperialistas cargó resueltamente sobre la de los liberales en su retirada y cuando pasaron por donde estaba el General Díaz, y cuando ya comenzaba a hacer uso hasta de armas blancas y puños, contra los soldados de retaguardia, apareció en momentos oportunos una partida de paisanos de Miahutlán armados y organizados por su cuenta, que les hacian fuego casi a quemaropa.

Los 50 hombres que pidió al Coronel Gonzáles los  colocó emboscados dentro de una milpa, cerca de una calle por donde pasaría el enemigo, al aparecer la caballería del enemigo comenzó a recibir los disparos de los paisanos y un fuego nutrido de la infantería que estaba escondida en la milpa, y así pudo salir su caballería y atravesar la población para unirse al Coronel González.

La Caballería enemiga volvió a unirse con su infantería que formaba en batalla cerca del camposanto, haciendo frente al Coronel González con la barranca de por medio, los paisanos de Miahuatlán fueron rechazados al centro de la población con muchas pérdidas porque eran muy atrevidos y estaban ebrios. Los tiradores montañeses siguieron ocultos en la milpa, el General Díaz pasó por la barranca y se incorporó al Coronel Gonzáles en momentos en que los franceses desplegaban en cadena  de tiradores, un batallón que mandaba el Teniente Coronel  Pedro Garay, y formaba en columnas paralelas el resto de su infantería con su caballería a retaguardia.

El General Díaz dió ordenes al General Ramos de cargar sin reservas y con vigor sobre el enemigo en los momentos en que tocara tres puntos agudos despues de atención, y al Capitán Rojas que mandaba a los tiradores ocultos en el maizal que a la misma señal rompiera un fuego vivo sobre el enemigo, aproximandose hasta la orilla del plantío y sin salir de el para que no se notara lo reducido de su número. Como no tenian municiones con que sostener un combate regular, el General Díaz con su inteligencia acostumbrada,  mandó a la infantería descender a la barranca, pasar el arroyo y batir al enemigo en la ribera opuesta, y en esos momentos dió la señal convenida.

Al notar el enemigo este brusco movimiento les lanzó su caballería que fue inmediatamente arrollada y con el impulso de su propia caballería derrotada, se desorganizó su infantería y se volcaron sus cañones, a la sazón que la nuestra cargaba al sable por la espalda comenzando por apoderarse de todos los caballos y cargamento de municiones que habían quedado a retaguardia.  Sin gran dificultad recogió toda la infantería del enemigo que despues de haber tirado sus armas corría en desorden por toda la llanura, y con su caballería hiso a la caballería enemiga una persecución de tres leguas, de donde regresó entre nueve y diez de la noche y  pasó toda la noche  recogiendo los heridos y armas, dejando para el día siguiente la operación para recoger los muertos.

El General Oronoz, había huido con varios de sus Jefes y Oficiales, quedando muerto en el campo el General francés Enrique Testard, la mayor parte de los muertos eran oficiales franceses puesto que habian perdido sus caballos y no pudieron huir.  Entre los prisioneros había oficiales franceses que fueron llevados a la sierra para su custodia, y pasados por las armas los 22 Jefes y Oficiales mexicanos, considerados traidores, según Leyes vigentes.

El botín consistió  en cosa de mil fusiles, dos obuses de montaña, cuarenta y tantas mulas cargadas con municiones de infantería y de artilleria.

Teniendo en cuenta la desigualdad de sus elementos, Pues los republicanos apenas contaban con 700 hombres mal armados, desnudos, sin disciplina y con parque que no alcanzaba para sostener el fuego ni por 15 minutos y sin artillería, mientras que el enemigo tenía 1,400 hombres bien organizados, disciplinados, uniformados y bien armados,  por lo tanto esta espléndida victoria obtenida por las Fuerzas al mando del General Porfirio Díaz Mori, sobre la expedición que llegó a atacarlo en Miahuatlán,  fue muy importante pues les abrió las puertas de las ciudades de Oaxaca, Puebla y México y levantó la moral de la tropa.


CUARTO SITIO DE OAXACA
DEL 5 AL 16 DE OCTUBRE DE 1865.

El dia 5 de octubre el General Díaz,  pasó  revista de entrada a sus tropas en la nueva organización que les había dado, cambiando una gran parte del armamento por el que dejo el enemigo y en la tarde una escrupulosa revista de guerra, y el 6 en el Vergel, el 7 en Ocotlán y el 8 en Oaxaca.  A poca distancia encontró un comisionado del Coronel Félix Díaz, quien le comunicó, que aprovechando el movimiento de la columna que había salido a atacarlo, había asediado vigorosamente la ciudad por el norte, sorprendiendo una guarnición de 50 hombres de caballería que cubría la Plaza de Tlacolula y que se dirigia sobre la ciudad con el objeto de amagarla más seriamente.  En efecto, al día siguiente, según nuevo parte que recibió, el Coronel Felix Díaz había ocupado la Plaza y la parte baja de la ciudad, teniéndo reducido al enemigo a los Conventos de Santo Domíngo, El Carmen, Santa Catarina y al cerro de la Soledad.

El 8 en la noche, luego que llegará el General Díaz a la Capital del Estado, perfeccionó el sitio, ocupando la hacienda de Montoya, la Casa Mata y el Monte Pelado, y puso su Cuartel General en la Hacienda de Aguilera. había logrado estrechar al enemigo en los conventos que le servían de cuartel, hasta quedar con sólo una calle de por medio, entre su posición y la suya.

Proximo capitulo: LA CARBONERA y QUINTO SITIO Y TOMA DE OAXACA

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