miércoles, julio 19, 2017

Porfirio Diaz el heroe olvidado, Capitulo XLIV

ULTIMOS DIAS DEL SITIO DE MEXICO
DEL 10 AL 20 DE JUNIO DE 1867.


Cuando la guarnición de México se persuadió de Queretaro había quedado en poder de las fuerzas nacionales y que Maximiliano y todo su ejército estaban prisioneros, la desmoralización cundió en élla rápidamente.


La situación de los sitiados se hacía cada día más difícil por la falta de viveres para sostener no solamente a su fuerza, sino a la gran población de la capital.

Desde mediados de mayo había nuestro héroe trasladado su Cuartel General a Tacubaya y se notaba gran contraste entre su campamento y la ciudad sitiada.

Tacubaya fue el asilo de las familias que lograban salir de México, convirtiéndose sus calles en un mercado, donde se vendía ropa, mercería, semillas, carnes y mucho más, hasta el grado de dificultar el tránsito de carruajes, también había mercados en los puntos militares y sus reservas, en proporción al número de hombres de que se componían.  Muy feliz se consideraba la familia que llegaba a su campamento ( y quien no al estrechar la mano del más grande caudillo mexicano, defensor de la patria, de cruzar un saludo con él o ya de perdis poder verlo aunque sea de lejos), además de comida, abrigo y seguridad.

En una de las reiteradas gestiones que le hicieron los hacendados productores de pulque, para que permitiera su entrega a la capital, le manifestaron que su perjuicio era muy grande, porque con excepción del flete, tenían que hacer el mismo gasto vendieran o no su producto, pues si no recogían diariamente perdían sus magueyes.

Con el fin de ayudarlos el General Díaz convino con éllos en hacer los gastos y recoger el pulque para que no lo perdieran, y desde entonces pudo dar dos veces al día a sus soldados, una ración de pulque de a libra.


Mientras que las fuerzas de la plaza disminuian diariamente por la deserción y el hambre, las suyas aumentaban considerablemente, pues todos los días recibian refuerzos importantes,  en los últimos días del sitio llegó a tener cosa de 25,000 hombres.

Las fuerzas sitiadoras estaban colocadas en los últimos días del sitio en la siguiente forma: El General Ramón Corona con la División de Occidente en la Villa de Guadalupe; el General Riva Palacio con la División del sur en Mexicalcingo; el General Hinojosa con la División del norte en el Peñón Viejo; el General Naranjo con la caballería en la hacienda De Los Morales y el General Felíx Díaz con la fuerza de caballería que había traido de Oaxaca, en la hacienda de Portales.  El General Terán con la primera brigada organizada en Oaxaca por el General Don Manuel González, el Batallón Fieles de Oaxaca, Ingenieros, el escuadrón Juárez y la escolta del Cuartel General, formaban la reserva.

RENDICION DE LAS FUERZAS
AUSTRO-HUNGARAS
DEL 20 DE MAYO AL 24 DE JUNIO DE 1867.


Luego que se supo en México la ocupación de Queretaro y captura de Maximiliano, el Principe Khevenhiiller, Jefe de las fuerzas húngaras y austriacas que defendían la plaza, le ofreció al General Porfirio Díaz que no tomarían parte en ningún combate que tuviera  por objeto defender la ciudad; que aunque Marquez y los suyos negaban el hecho de la captura de su soberano, el no lo dudaba y en la creencia de que toda resistencia armada podría perjudicar a Maximiliano más bien que servirle, y no tenía él otro objeto en el país que su servicio, le aviso que seguiría esa conducta, si en cambio  se le permitía salir al Puerto de Veracruz con todos los Jefes, Oficiales y tropa que estaban a sus órdenes, con la finalidad de embarcarse con éllos para Austria.  El General Díaz, le respondió que le concedería lo que solicitaba si rompía la línea de los sitiados, se le presentara en Tacubaya y le entregara sus armas, municiones y caballos; y que en cambio él le facilitaría los recursos pecuniarios y vehículos que necesitara para llegar con sus subordinados hasta Veracruz y embarcarse.  El Principe Khevenhiiller le contestó que le era imposible ejecutar lo que se le pedía, pero que se encerraría con toda su fuerza en el Palacio Nacional, y en los momentos en que se iniciara algún combate izaría su bandera blanca y se abstendría de tomar parte en él, y esperaba que por esta conducta le concedería las consideraciones que a su juicio fueran de equidad, pues su principal objeto era no hacer más difícil la situación de su soberano.


Despues de tomada la Capital y por las exigencias amistosas del Barón Csismadia,  el General Díaz, concedió a Khevenhiiller en primer lugar, conservar sus armas y mando durante tres días, sin que él ni sus subordinados pudieran salir del Palacio Nacional y de sus oficinas anexas donde estaban acuartelados y le impuso la responsabilidad de conservar el archivo, mobiliario y demás objetos que contenía el edificio.

Algunos días después exigió la entrega de su armamento y caballos y le facilitó recursos y vehículos para llegar a Veracruz, esto es, le concedió lo mismo que le había ofrecido para el caso de que saliera y se le presentara en Tacubaya.


El Capitán Chainét; frances que mandaba una guerrilla de cerca de 200 hombres de soldados cumplidos, habló con el Caudillo Mexicano, para hacerle una proposición similar a la de Khevenhiiller, éste le previno que permaneciera en su Cuartel que estaba en el convento de San Pedro y  San Pablo.  Recogió sus armas y despachó a Chainét a Veracruz con sus soldados en las mismas condiciones que a los húngaros-austriacos.

Proximo capitulo: SITIO DE MEXICO y RENDICION DE MEXICO

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